¿Se han detenido alguna vez a pensar en todo lo que significa para las mujeres nuestra habitual cita en la peluquería? ¿Han pensado o imaginado por siquiera un momento cuántas cosas de nuestra vida diaria relegamos sin chistar para poder acudir puntualísimas a aquel lugar que eleva nuestra autoestima de inimaginables maneras?
Pues bien, si no lo han hecho nunca les voy a contar algo para que se hagan una idea: hoy, sí, justamente hoy, fue uno de aquellos días para mí… son las 12h00 cuando escribo estas líneas y, aunque hasta hace 30 minutos no tenía aún un tema para compartir con ustedes este miércoles, igual me fui volando al gabinete porque mis canas eran de ataque. La vanidad me pudo más. Una cosa es que se me vea una que otra, y otra muy distinta es que tenga la cabeza de dos colores, ya ni sabía cómo amarrarme el pelo para evitar que se asomaran. Así de importante, ineludible e imprescindible es nuestro ‘beauty day’. ¡Todo lo demás puede esperar!
Y, por supuesto, puse todo lo demás en espera y corrí en busca de Gardenia Chévez. Ella es quien siempre tiene el color perfecto, la mano precisa que sabe exactamente qué hacer y que lo hace siempre bien. La que conoce mejor que nadie qué color ponerme y cuándo cortarme, acompañado siempre de una frase de empoderamiento… es de esas mujeres que te sube el ánimo aunque un tráiler haya pasado sobre ti. Gardenia, además, tiene el poder sobre mi cabeza. Me entrego a ella, literalmente. Es que, para mí, la peluquería es uno de esos pocos lugares donde mi opinión no cuenta, donde Gardenia toma todas las decisiones por mí. Por eso también me encanta venir, porque salgo de mi rutina de decidir todo y simplemente fluyo.
Entonces, volviendo al tema, mi vacío creativo de hoy terminó rápidamente cuando decidí escribir sobre la importancia que tiene para las mujeres el venir al gabinete. Acá, mientras espero que pasen los 45 minutos que mis canas necesitan para coger el color indicado –si es que quieren, porque a veces se rebelan-, les cuento un poco el por qué. ¡Cómo no va a ser importante para nosotras si éste es ese lugar al que venimos cuando queremos cambiar, cuando queremos sentirnos mejor! Cuando necesitamos una ayudita para mirarnos al espejo con confianza y sonreír mientras lo hacemos.
Sí, así es. Créanlo o no, la peluquería también es terapia. ¿Les ha pasado que cuando toman decisiones importantes en su vida van donde su estilista de confianza y se hacen cambios drásticos? A mí me pasó cuando me casé, por ejemplo. Allá, por el lejano ya 2004, decidí que como mi vida iba a cambiar drásticamente mi cabeza también tendría que hacerlo y tomé la determinación de cortarme el cabello. Corto, muy corto. Corto extremo. No sé en qué estaba pensando entonces, según yo me veía bien. Pero no fue el caso y prueba de eso es que no tengo fotos de esa época.
Los momentos importantes de tu vida los preparas en la peluquería, y es con los peluqueros con quienes compartes dramas e historias existenciales que solo fluyen aquí. No importa cuántas horas estés sentada en este lugar, siempre sentirás que es tiempo bien invertido y que jamás tu dinero ha sido tirado a la basura.
Pero no solo eso. En los gabinetes de belleza he logrado también tener momentos maravillosos e íntimos con mi hija, atestiguar y acompañarla en ese inevitable cambio de niña a mujer y maravillarme viendo y sintiendo como ella va creciendo, como comienza a preocuparse de su apariencia poco a poco. Con Ellie tengo mis ‘días de chicas’ y los amo, y veo como ella los disfruta también y como su feminidad explota.
En fin, las peluquerías jamás pasarán de moda. Son ese lugar al que regresas siempre porque, normalmente, tu estilista es el de toda la vida y la fidelidad que le tienes es casi sacra. Que nunca dejen de existir los gabinetes, ¡qué sería de nosotras sin ellos!, ¡qué hubiese sido de mi sin él hoy! Seguramente, este texto no lo estarías leyendo…