Ya hace algunos días que comenzaron a circular nuevamente. Con desenfreno y desesperación, los ‘lindos’ grupos de Whatsapp de mamás del colegio y las redes sociales se han llenado nuevamente de hashtags y mensajes exigiendo parar con la “terrible ley” que “se estaría trabajando o implementando” sobre la diabólica ideología de género y las demoniacas clases de educación sexual en los colegios. No sé si he madurado o, simplemente, ya no pierdo mi tiempo en contestar, evitando así caerle peor a algunas de las madres de los compañeritos de mis hijos.
Respiro y no contesto, llevo la fiesta en paz para no escandalizarlas, pero eso no significa que no vaya a escribir lo que pienso, y todos saben que estoy convencida de que en la sociedad actual no existe una lacra peor que la desinformación. Desinformar sí que debería ser una causal de hashtags, tendencias y marchas. Hemos sufrido mucho como país por estar mal informados y todos los días seguimos luchando por obtener más libertades que nos permitan informarnos mejor. Pero tenemos memoria corta. Ahora que la información está ahí, ante nuestros ojos, preferimos mirar a otro lado y creer sin ninguna oposición a instituciones venidas abajo o, simplemente, hacernos eco de algún ‘sabiondo’ que se cree dueño de la verdad. Y, lo peor, es que ni siquiera nos preocupamos de confirmar lo que nos dicen, no nos da la gana de investigar, leer, o simplemente preguntar. Informarse debería ser una prioridad.
Por eso, a todas esas madres aterrorizadas que creen que si sus hijos reciben educación sexual serán promiscuos y que si les hablan de igualdad de género se convertirán en homosexuales, a las que desesperadamente nos hacen spam con sus #ConMisHijosNoTeMetas o #AMisHijosLosEducoYo”, les tengo malas noticias… Si se tomaran la molestia de por lo menos leer el pensum de sus hijos, a estas alturas ya sabrían que desde el año pasado ellos ya están recibiendo educación sexual y estudiando ‘satánicos’ conceptos como la apocalíptica equidad de género o el dantesco intercambio de roles. Y las ayudo un poco más con un poco más de esa información que insisten tanto en descartar e ignorar, y que tanto necesitan:
El pasado 26 de noviembre la Asamblea Nacional aprobó la Ley para la Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, la que pasó al Ejecutivo y que luego fue publicada en el Registro Oficial. El Reglamento de esta nueva normativa, como medida para evitar la cada vez más frecuente violencia de género en el país, sugirió incorporar en las mallas curriculares la revisión del cambio de roles como una necesidad para evitar los estereotipos y prevenir así el machismo que al final del día es la principal causa de los femicidios que se cometen en Ecuador. Y fue en ese momento que todo explotó, que empezaron a circular las falsas aseveraciones con toda esa basura de que se iba a legalizar el aborto, que los niños iban a ser obligados a elegir su sexo, y todas esas cosas siguen circulando. Todo a causa de la desinformación, una marcha y una reacción absurdas porque, en primer lugar, ya todo estaba aprobado, y luego porque nuestros hijos ya están siendo educados de esa manera. Sería bueno conversar con tus hijos o por lo menos revisar los libros que estudian de vez en cuando, ¿no?
Lo que me entristece es que somos una sociedad tan básica que no vemos más allá de nuestra nariz, de lo que creemos que es la única realidad. Pero la realidad es mucho, muchísimo más amplia de lo que las pequeñas mentes piensan. Reales son, por ejemplo, la tasa de embarazos adolescentes que crecen en el país al igual que la de los femicidios. Reales son también las mujeres que mueren a causa de abortos clandestinos. Investiguen apenas un poquito y no tardarán en hallar que en Holanda disminuyó drásticamente el embarazo adolescente luego de que los jóvenes accedieran de forma obligatoria a la información sexual; allá hablar de sexo no es un tabú, es una realidad, un paso más que cualquier ser humano debe enfrentar, la única diferencia es que es una sociedad bien informada en la que se socializa y se elige… en la que se conocen los métodos anticonceptivos que evitan embarazos y enfermedades venéreas, en la que se habla de los cambios emocionales que esto conlleva.
La información nos empodera, amplía y profundiza nuestro razonamiento y nos permite ser responsables de nuestras decisiones. Y los niños, niñas y adolescentes tienen el derecho fundamental consagrado por la Constitución de acceder a la información. Entendamos que desconocerlo, esconderlo, convertirlo en tabú y no socializarlo es simplemente negarse a aceptar la realidad, y la realidad está allí afuera, golpeándonos la cara con rudeza cada día. “La curiosidad mató al gato”, decía mi abuelita y seguro muchos piensan aún así, pero en este caso la curiosidad y el tabú hacen que los jóvenes inicien su natural descubrimiento sexual escondidos, y estén más propensos a cometer errores por falta de información.