… y tienen razón. Lo soy, sí, pero no porque posea conocimientos o habilidades para las artes ocultas, no. ¡Ya quisiera! Me llaman así, simplemente, por muchísimas razones totalmente ajenas a mí y a mi control. Y aunque el 99% de esos motivos sean absurdos, quiero dejar claro algo de entrada: no me lamento en lo absoluto por ello ni tengo el mínimo interés en que cambie esa percepción sobre mí, igual que tampoco quiero ser aquella hada madrina de los cuentos y mucho menos la princesa que complace y agrada a todo el mundo. ¿Está claro? Esa no soy yo y jamás lo seré.
Soy bruja porque digo lo que pienso, me dicen bruja porque a muchos no les gusta escucharlo…
Soy bruja porque no tengo contemplaciones, me dicen bruja porque presiono sin escuchar justificaciones…
Soy bruja porque tengo cara de brava, me dicen bruja porque no les gusta mi cara de brava o, quizá, porque les gusta demasiado…
Soy bruja porque tengo carácter fuerte, me dicen bruja porque no lo disimulo…
Soy bruja porque soy directa, me dicen bruja porque no hablo por la espalda de nadie…
Soy bruja porque soy estricta con mis hijos, me dicen bruja porque no los dejo hacer lo que les da la gana…
Soy bruja porque administro mi tiempo, me dicen bruja porque no voy a cada lugar que me invitan…
Soy bruja porque soy libre, me dicen bruja porque no escondo esa libertad y la forma tan intensa en que la disfruto…
Soy bruja porque me gusta rodearme de los mejores, me dicen bruja porque me alejo de los mediocres…
Soy bruja porque no me gustan las respuestas a medias, me dicen bruja porque no las acepto y pierdo rápidamente la confianza cuando me decepcionan…
Soy bruja porque soy impaciente, me dicen bruja porque no acepto dar largas a nada ni a nadie…
Sí, soy bruja. Y lo soy, también, porque hablo a favor de la igualdad. Aunque moleste. Aunque incomode. Aunque no se entienda. Me dicen bruja porque para el promedio soy irreverente… Y la realidad es que algunas veces tienen razón y otras no, porque no me interesa quedar bien con nadie, y en ocasiones –lo admito- lo hago a propósito.
Y sí, me dicen bruja. Por todas aquellas y por muchísimas supuestas razones más, y cada vez que las escucho sonrío con genuina honestidad. Así somos las brujas, solemos vivir sin que nos importen las etiquetas; de hecho, no las tenemos, solo vivimos, y esa libertad sí que molesta a los de mentes cuadradas y pequeñas.
¿Se dan cuenta? Cuando dicen que soy “bruja” es porque es la etiqueta más fácil de ponerme cuando no quieren enfrentar la exigencia, y hacerlo es un deporte para muchos, casi casi una religión. Por suerte lo dicen justo aquellos con los que no tengo el menor interés de compartir o interactuar, tristes perros ladrando a la luna.
En conclusión: ¿soy bruja? Sí, claro que sí, siempre lo soy y siempre lo seré. ¿Por qué soy bruja? Eso, como ya lo sabes ahora, depende simplemente del punto de vista de quien lo diga. Yo, al final, solo sonrío y sigo adelante como buena bruja…