Te amo. Cuánto nos gusta escucharlo, pero qué difícil es decirlo. Estoy convencida que es un tema generacional. Nuestros abuelos pocas veces se lo dijeron a nuestros padres, y aunque ellos nos lo dijeron un poco más, creo que hoy es tremendamente necesario que nosotros se lo repitamos a nuestros hijos. Mucho más que antes. Un “te quiero” o un “te amo” aliviana el corazón. Y llena el alma. En un mundo tan convulsionado donde vemos odio en los medios y tristeza en todas partes, los baños de amor son fundamentales.
Te amo. Decírnoslo mirándonos al espejo, por lo que soy, por en lo que me he convertido, por lo que quiero ser. Y eso mismo replicarlo con nuestros hijos, sobrinos, nietos y con todos los que queramos de verdad. ¿Has pensado en la seguridad que le damos a los niños cuando les decimos “te amo”, cuando los definimos por sus cualidades y no solo por sus errores? ¿En el valor de un abrazo, en el sentimiento de compañía y protección que generamos en una niña que quiere de alguna forma saber que siempre estaremos ahí, aunque no sea cierto, aunque a veces no sepamos las vueltas que da la vida?
Te amo. Dedicárselo a nuestros padres siempre viene bien. Es una forma de ser agradecido. Nada hay más importante en esta vida que recibir amor, y nuestros padres son los gestores de este sentimiento. Dicen que nadie da amor como los padres a los hijos, entonces… Te amo. Agradecer así a nuestros abuelos, que no son más que sabiduría y experiencia y que son quienes enseñaron a nuestros padres a dar amor. Nadie es perfecto y todos cometemos errores, pero perdonar también es una forma de demostrar amor, a los demás y a uno mismo. De amarnos.
Te amo. Ofrendar así a un hermano es justo y necesario, expresar nuestra gratitud a ellos que son nuestros amigos de vida y de sangre y, más allá del tipo de relaciones y momentos que hayamos vivido y compartido con ellos, valorarlos es algo que debemos aprender porque muchas veces los desvaloramos. Hay que cuidarlos más. Amarlos.
Te amo. Lo digo hoy y escribo estas líneas porque de a poco hemos restado importancia a lo importante, minimizado las palabras y los actos que no nos cuestan cuando la verdad es que son los que tienen más valor. Yo trato de llenar de abrazos a mis hijos y les inculco la importancia de estar, de decir las cosas que sienten sean buenas o malas… pero, sobre todo, a expresar amor. ¡Los amo!
Estamos viviendo tiempos convulsionados en los que no aceptamos las cosas, andamos apurados, no tenemos tiempo, y solo cuando algo desafortunado ocurre nos arrepentimos de lo que no dijimos o no hicimos. De no haber estado en el momento correcto. “Te amo”, “te quiero”… expresarlo siempre viene bien, no nos minimiza ni nos hace débiles sino que, por el contrario, nos hace valientes, alimenta nuestra alma, nos llena el corazón y libera sonrisas. Digámoslo más seguido y vivamos una vida diferente.