En Madaya, Siria la gente no puede entrar o salir. Los niños se suicidan. Las personas comen hojas de los árboles.
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La felicidad no es un estado continuo, sino una colección de momentos.
Crecí viendo el ejemplo de amigas cómplices, de confianza, desinterés, de casa y corazones abiertos.
Si también vives este silencioso martirio, mira en tu interior qué importancia le das a lo que tú quieres.
Mientras miro a mi hija crecer, hay niñas que son vendidas como esclavas sexuales.
Es muy difícil explicarle el concepto de la guerra y la muerte a un niño. Aún más difícil es desenredar las causas de la injusticia y la indiferencia.
No se ama lo que no se conoce, y ningún ejercicio es tan liberador como mirarse hacia dentro y decir en voz alta lo que ves, sin miedo a nada.