El envidioso se odia a sí mismo porque no consigue lo que tiene el otro, y odia al otro porque él no lo tiene.
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La paz es un propósito de vida y, por tanto, una decisión de poner de lado nuestro ego y perdonar.
El abusador busca silenciar a sus víctimas y lo logra infundiendo el miedo, rompiendo el espíritu. Di no, sal de ahí, habla hasta que alguien te escuche.
Es una locura mundial porque lo puedes jugar alrededor del planeta, aunque Siria parece borrada de tal planeta por la mano criminal de la indiferencia.
He sido testigo de cómo las religiones, cualquiera de ellas, no aman a todos por igual, sino a unos más que a otros. Es amor con condiciones. Es discriminación. ¿Pero quién soy yo para vetar una religión para mi hija?
También deben saber lo que sucede bajo la superficie. No solo el estigma de los ataques terroristas sino el hambre, la soledad y el olvido que viven millones de seres humanos.
No se ama lo que no se conoce, y ningún ejercicio es tan liberador como mirarse hacia dentro y decir en voz alta lo que ves, sin miedo a nada.