Mientras miro a mi hija crecer, hay niñas que son vendidas como esclavas sexuales.
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Cada mañana, antes de lavarme los dientes y cambiarme de ropa, el espejo me enfrenta a una mujer a la que solo yo puedo ver.
Admito que llega un momento en la vida de una mujer en el que acabamos confundiendo la prudencia con el silencio.