Entre el amor y el odio hay un prefijo de dos letras: ex.
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Querer sentirnos más a gusto con nosotras mismas no es ninguna ridiculez. Lo ridículo es avergonzarnos de tener los años que tenemos, como si fuera un pecado, o decir nuestra edad con tristeza, como si lo hubiéramos perdido todo.
Quizás creemos cada vez menos en las promesas de los políticos con experiencia. ¿Pero un presentador o concursante de reality tendrá la independencia para fiscalizar y legislar?
«Eres sexy» no define lo que soy. «Ya deja a tu novio» no es una orden aceptable y «mejor te verías sola» es una sugerencia que ninguna mujer debería tener en cuenta.
En nuestro modelo del éxito moderno -ser ricos, bellos y amados- no cabe el divorcio, así que esto se entiende como una catástrofe.