¿Te has dado cuenta de lo complicado que resulta decir “gracias” en ciertas ocasiones?
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Cuando éramos chicas nos llamaban princesas, nos leían cuentos de hadas, soñábamos con encontrar nuestro príncipe azul, vivir en un palacio y que los finales siempre sean felices.
¿Cuántas veces nos hemos sentido traicionadas? ¿Cuántas veces le hemos dicho traidor a alguien? ¿Cuántas veces hemos traicionado?
Llegaron mis 36 y me encuentran mucho más serena. No tranquila, sino serena. Llegaron con varias reflexiones a mi alrededor y con mucha más aceptación hacia mí misma. Mis 36 lograron ir desapareciendo poco a poco mis miedos, esos que solo una conoce, los que te atormentan todos los días, los que no sabes cómo combatir, esos que están ahí y temes enfrentarlos porque están arraigados en ti. Esos que tú crees, erradamente, que te definen. A mis 36 los enfrenté, los puse bajo la luz y los desafié uno a uno. El resultado fue más seguridad en mí misma y, con la seguridad de mi lado, fue más fácil trabajar en lo que ya sabía que debía mejorar: la madurez para reconocer sin vergüenza mis errores y aceptarlos como parte de mí. Mis 36 me han traído un poco más de inteligencia emocional. Ahora me siento a escuchar más, aunque a veces sienta que estoy perdiendo el tiempo, porque una cosa es ser sincera y otra tonta. Aprendí que debía hacerlo para poder avanzar. Mis 36 me traen un cuerpo que acepto, con todo y arrugas, estrías, celulitis, flacidez, canas y las demás cosas que todas las mujeres tenemos […]
Nos decepcionamos porque esperamos cosas de los demás. Así de simple. Muchas veces creemos que ser recíprocos es una obligación de nuestros amigos, novios, esposos, compañeros de trabajo e hijos. Vivimos deseando que todo lo que hacemos o decimos tenga la reacción que llene nuestras expectativas.
¿Cómo definir a mi abuelo con las palabras precisas y sin que ninguna escape?
Tuve esta conversación alrededor de cinco veces la semana pasada, lo que me llevó a concluir que, efectivamente, soy vista como “la mala de la película”.
Quiero dejar claro que este texto está dedicado a mis hijos, pero no será un escrito en el que hable de ellos, sino más bien de mi forma de criarlos.
Vivimos angustiados porque no alcanzamos esa idea falsa de la felicidad absoluta. La felicidad se vive en momentos, pero también hay momentos en los que nos ahogamos en el estrés