Ya no es un hecho o un par de hechos aislados. Sucede todos los días. ¡Todos! Nos agreden, nos violan, nos matan, y no pasa nada… Sí, así es. No es cuento ni una exageración, es la realidad que día a día vivimos desde hace algún tiempo ya en un país y una sociedad en la que imperan el machismo y la violencia contra nosotras, y, lo que es peor, en el que la Policía Nacional y las autoridades no solo que lo permiten sino que se puede hasta llegar a pensar que lo normalizan con falta de acción eficaz.
No podemos seguir tapándonos más los ojos y los oídos. Es tiempo de entender y aceptar que todo lo sucedido en estos días es el resultado de la invisibilización en la que vivimos las mujeres y el machismo arraigado en la mayoría de la población.
Sí, Ecuador es un estado machista, no recién de ahora sino desde siempre. Es una nación que aún justifica los crímenes, un pueblo que todavía culpa a sus mujeres por “provocar”, por sonreír, por vestirse de tal o cual forma, por salir en la noche, por divertirse, por tomar, por “no cuidarse”, por vivir a plenitud sus vidas… Es un estado que ignora que todo aquello nos mata poco a poco. Vivimos en una sociedad que cree todavía que el feminismo es un enemigo –cuando la verdad es que es todo lo contrario- y que continúa insultando a las que nos auto denominamos feministas como si estuviésemos mal, como si exigir igualdad de derechos fuera una aberración, como si gritar que no nos violen o que no nos maten fuera el delito que buscamos erradicar. Como si el feminismo fuera lo contrario al machismo. Como si fuese tan difícil lograr comprender que tan solo buscamos la igualdad de derechos y de oportunidades para todos los hombres y mujeres de esta enfermiza colectividad…
Pero no, nos violan y nos matan y si decimos algo, si gritamos de frustración, si nos indignamos somos de todo menos mujeres valientes. Somos “feminazis”.
Ecuador es un país en el que no estamos seguras, en el que no sabemos con certeza en quien podemos confiar. Quiero abrazar a Martha, quiero decirle que todo pasará y que sus heridas sanarán, pero no sé si sea verdad, no sé si ella realmente logre perdonar y olvidar. Quiero mirarla a los ojos y prometerle que desde donde yo pueda levantaré mi voz por ella y por las miles de Marthas que existen en el país. Quiero que sepa que no está sola, que una gran parte del país está con ella, que muchos hombres y mujeres buenos que hemos visto y seguido atónitos su caso y que aunque podría parecer que a veces los deleznables son más esa no es la realidad. Quiero decirle a Martha que la admiro, que admiro su fortaleza y su capacidad de seguir, porque sé también que no todas la mujeres pueden hacerlo. Por eso, Martha, te prometo que desde mi espacio criaré hijos en igualdad para tratar que cada día hayan menos mujeres violentadas, hijos consientes y realistas para que se conviertan en agentes de cambio.
Nos violan como a Martha, nos matan como a Diana. A ella la apuñalaron este sábado en Ibarra delante de un escuadrón de cobardes, ineptos y cómplices policías. Ella estaba embarazada, él era su novio. “Si no eres mía no serás de nadie más”, proclamó mientras amenazaba su vida con un gran cuchillo y, sin oposición alguna, cometió otro femicidio más. Uno más. Ecuador es un país en la que una mujer muere cada 53 horas y me pregunto: ¿Cuántas más deben morir? ¿Cuánta sangre más se debe derramar? ¡¡¡¡¿¿¿Cuánto más debemos aguantar???!!!!
Hoy siento una presión en el pecho y un vacío en el estómago. Ya no me siento segura y no deja de pasar por mi mente que en cualquier momento la próxima Martha o la siguiente Diana puedo ser yo, puede ser mi hija, mi amiga o cualquiera de nosotras. Ya hasta nos matan a vista y paciencia de la cada vez más permisiva e ineficiente Policía que, impávida, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar, cómo enfrentar los problemas, permite que nos violenten, que en sus propias narices nos maten cada día más.
Nos violan conocidos, nos apuñalan nuestros novios. Nos persiguen, nos acosan. Nos abusan, nos maltratan, nos matan… pero aún seguimos silentes ante esto que solo tiene un hombre: machismo, violencia organizada. ¿Qué está pasando con nuestra sociedad? ¿Cuánto más debemos aguantar?