Si de algo sirven las redes sociales es para desatar pasiones, pero adicionalmente para expresar desde lo más profundo nuestros verdaderos pensamientos. A veces escondidos en fotos falsas o en avatares y otras, simplemente dejando fluir las emociones, dando la cara.
Desde que empecé con El blog de Catrina he querido escribir sobre la homofobia. No es un secreto que defiendo públicamente a los homosexuales, ya que respeto y exijo que se respeten absolutamente todos sus derechos. Confieso que me alejé de la Iglesia justamente por su posición retrógrada y discriminatoria sobre este punto. Y no hablo solo de la Iglesia católica, sino de todas las iglesias que en teoría profesan la unión y la paz, pero por otro lado lanzan discursos poco tolerantes, se esconden bajo la palabra de Dios y citan fragmentos de la Biblia interpretados a la conveniencia de cada uno. Me quedo con la interpretación que hace el Papa Francisco, cuando dijo al respecto “¿quién soy yo para juzgarlos?”. Esa respuesta ha sido una de las pocas coherentes que he escuchado de un representante de la Iglesia en los últimos tiempos.
Por eso me indigna leer comentarios discriminatorios y ofensivos en las redes sociales, cuando se habla de la homosexualidad. No hay nada más retrógrado y básico que un homofóbico, lo más bajo a lo que puede llegar un ser humano es creerse superior a otro o juzgarlo por su preferencia sexual. No existe excusa para aceptar los comportamientos ofensivos de la gente hacia los homosexuales, tampoco el cuestionamiento de aquellos que dicen que plantear esta problemática social dentro de programas de televisión es un error conceptual. “Es horario familiar”, “hay niños viendo”, “no promueva eso…”. Hablar de la homosexualidad como si fuese una enfermedad es aberrante. Y como madre y profesional, me entristece profundamente ver cómo los seres humanos están fomentando la división y escondiendo la homosexualidad como si se tratara de una pandemia de fin de siglo.
Aplaudo a las producciones nacionales que al fin nos hemos atrevido a plasmar esta problemática en televisión, a mostrar a los homosexuales como parte activa de una sociedad y no como objetos de burla. Me gusta que nos desafiemos y expongamos su realidad ante una audiencia machista, básica e intolerante; que cuestionemos por qué se producen los asesinatos que aún no se resuelven -como el de Xavier Hidalgo-. En definitiva, que desempolvemos lo que hay debajo de la alfombra.
Rechazo, y lo seguiré haciendo tajantemente, la intolerancia, la discriminación y la violencia. No acepto los discursos homofóbicos en nombre de Dios, porque el que yo conozco es un Dios de paz, de amor y de inclusión. En épocas de tanto odio e intolerancia seamos agentes de cambio, empecemos por mirar a nuestro alrededor, aceptándonos como somos, sin pensar de dónde venimos, en qué creemos y cuáles preferencias sexuales nos distinguen. Que nuestro pensamiento sea de inclusión y de libertad, que nuestros hijos vean la realidad tal como es, sin endulcorantes.
Defiendo y defenderé siempre la tolerancia. Rechazaré el racismo aunque me lapiden. Porque prefiero mil veces la hoguera a las mieles de la adulación por parecer una buena cristiana juzgando a los demás. No cuenten conmigo para eso, ya hay demasiados demonios en la casa del Señor.
FOTO: Kuki Entreríos y Jaquna (personajes de tv).