Álgido y polémico, el tema migratorio se pone más y más al rojo vivo en Estados Unidos. No solo por los cada vez más frecuentes y desatinados comentarios de su presidente Donald Trump, sino, sobre todo, por la creciente ola de vergonzosos y desafortunados hechos ocurridos este año en el país del ‘Sueño Americano’, entre los que se cuentan a miles de niños separados de sus padres en la frontera con México, caravanas de desesperados centroamericanos dirigiéndose hacia allí aún con la advertencia de que no se les va a permitir la entrada al país… Y ahora las elecciones.
Pero, afortunadamente, si bien es un país que claramente está desarrollando y polarizando una ruda resistencia hacia la inmigración ilegal, demostrada con la elección de un tipo como Trump en las últimas presidenciales, todavía hay algunos estados que se resisten a aceptar el discurso odiador de su jefe de estado. Florida, que tiene una clara e histórica tendencia republicana, es uno de ellos. Ayer eligió a Debbie Mucarsel-Powell para que los represente en el Congreso, a una ecuatoriana –sí, ¡ecuatoriana!- de 36 años que llegó a esa nación a los catorce, que tuvo que comenzar a trabajar allí a los quince y que perdió a su padre abaleado en 1995 en Urdesa, en su país y ciudad natal.
Debbie ha vivido lo que gran parte de los migrantes viven. Ni más ni menos. Y es que cuando alguien toma la decisión de abandonar su país, siempre –o casi siempre por lo menos- lo hace por necesidad, son muy muy pocos los que dejan todo atrás, pero ese no fue su caso. Debbie, además de la reivindicación de los migrantes, ha prometido luchar arduamente por el tan esperado y discutido control de armas, algo que se viene reclamando con cada vez más urgencia en aquel país en el que los tiroteos y matanzas son, lamentablemente, cada vez más y más frecuentes.
Ya es hora que las personas que son co responsables del crecimiento de un país sean tratados también como ciudadanos regulares y no de segunda clase. Provengan de donde sea que provengan, como Debbie que es ecuatoriana pero ha vivido más de la mitad de su vida en Estados Unidos. Por eso su elección es la posición clara y positiva de un estado prácticamente de habla hispana que tuvo un revés esta semana, pero que se reivindica con un mensaje importante para los discursos divisorios, xenófobos y discriminadores. Ojalá Debbie logre hacer lo que la llevó a ganar y no se quede en el discurso político, que realmente implemente lo que prometió.
Y ojalá que se empodere y convierta en la cara de todos y cada uno de los migrantes del mundo, que no le tiemble la voz al hablar de los millones de desplazados por todo el planeta, que exija los mismos derechos para todos y sobre todo que logre una reconciliación entre el pueblo estadounidense y los migrantes, y la reapertura de las fronteras de un país que ha construido su historia con el trabajo y esfuerzo de millones de ‘ciudadanos de segunda clase’ que, como Debbie, llegaron con la esperanza de hacer realidad su gran ‘sueño americano’.