En los últimos días han circulado en redes sociales y canales de TV algunos hechos que han generado reacciones y que han demostrado lo deshumanizados que estamos.
Lo ocurrido con Manuel, el gatito perdido por Latam en el aeropuerto de Lima cuando viajaba con su dueña a Buenos Aires, es un ejemplo de ello. El sin número de comentarios y reacciones que desató este hecho obligaron a la respuesta de la aerolínea indicando, simplemente, que “están buscando” al felino. Los defensores de los derechos de los animales reclamaron (con justa razón) la frialdad de la compañía para responder y su poca pericia al realizar este servicio, mientras que del otro lado no faltaron comentarios indignados reclamando “¿por qué tanto escándalo si solo se trata de un animal?”. Y ni hablar de la pasividad de la línea área reflejada en su poco interés en buscar una solución al problema. ¿Qué sabemos nosotros de la importancia que tiene ese gato en la vida de la persona que lo perdió? ¿Qué sabemos de respeto por los demás, incluyendo también a los animales?
Otro ejemplo: luego de ejercer una patriótica defensa a Felipe Caicedo ante las ofensas del nefasto periodista peruano Phillip Butters, nos convertimos en sus iracundos lapidadores cuando anunció su renuncia a la Selección. Puede que sea una buena o mala decisión pero al final solo le compete a él. ¿Dónde quedó nuestro patriotismo? ¿Dónde quedó el respeto y antirracismo? Felipe recibió en las redes todo tipo de insultos y ofensas que no se justifican… Somos una sociedad de doble moral, pensamos con el hígado, somos impulsivos, y eso muchas veces nos hace tomar malas decisiones. Debemos ser más racionales, pensar antes de hablar y, mucho más importante, pensar y repensar antes de juzgar y escribir.
Pero quizá la muestra más evidente de nuestra deshumanización es también la más reciente. Este lunes las redes se convulsionaron cuando un auto cayó desde el segundo piso de estacionamiento de un centro comercial. ¿Y cuál fue la primera reacción de quienes lo presenciaron? ¿Ayudar a los heridos? ¡No!, una vez más fue grabar, tomar fotos, postear, pasarlo a todos los contactos como cadena… La prioridad ahora es subir la desgracia y el dolor ajeno a las redes sociales y comentar masivamente, convertir todo en tendencia para darse un efímero ‘baño de fama’, así sea haciendo un chiste sexista porque era una mujer la que manejaba. ¿Dónde quedó aquella antigua costumbre de ayudar a quien está en desgracia? “Somos más bacanes”, se creen algunos pero no, no son más bacanes sino más imbéciles, mucho más…
Finalmente, quiero compartirles algo que me ocurrió el fin de semana. Después de cenar con mis hijos en un centro comercial, al volver al auto nos encontramos sorpresivamente con otro que increíblemente venía directo hacia nosotros a exceso de velocidad. No le importó que alzáramos las manos y gritáramos para que se detenga. Por el contrario, aceleró más. Mi reacción al ver a mis hijos tan asustados fue darle un manotazo a la ventana y gritarle “¡idiota!”, lo que hizo que las mujeres que iban en él me insultaran porque, para ellas, era yo la que estaba mal. No les hice caso pero me acerqué y le tomé fotos a la placa del vehículo, lo que ocasionó que la conductora se baje corriendo a esconderse dentro del mall.
No esperé ni hice más. Solo la denuncié y compartí la foto en mis redes porque estoy convencida de que las cosas malas deben saberse y corregirse, ya que es la única forma en que se pueden cambiar las cosas. Si no actuamos y reclamamos todo sigue igual, la gente continúa tomando todo como “normal”, y es esa normalidad lo que ha hecho que –por ejemplo- prolifere la corrupción por doquier.
Al final, si hay algo peor que cometer un error es no aceptarlo, no respetar a los demás. Y la única forma de comenzar a humanizarnos es empezar a aceptar que somos los seres más imperfectos del mundo. Que nos equivocamos. Que cometemos miles de errores cada hora. Que tenemos millones de cosas por aprender y corregir. De lo contrario, seguiremos siendo una sociedad y una humanidad solo de papel.