Seamos sinceras y admitámoslo: las mujeres también hablamos de sexo. Sí, hoy más que ayer, y seguro cada día un poquito más. Sin embargo, la otra gran verdad es que aunque sí lo hacemos, este tema lo tocamos únicamente en nuestros círculos de confianza, con amigas muy muy íntimas. El sexo sigue siendo aún un tema tabú en nuestra sociedad, continuamos pensando que hablarlo y socializarlo nos hace “ver mal” ante los ojos del mundo. ¿Por qué? Porque en pleno siglo XXI todavía pensamos que hacerlo nos retrata como precoces, ligeras, dañadas, zorras, putas, etc….
El sexo debería ser parte de nuestras conversaciones. Sobre todo con nuestras parejas. Hablarlo más seguido nos evitaría algunos problemas emocionales, disminuirían las infidelidades y nuestros encuentros sexuales serían mucho más placenteros. Pero lo mejor de todo es que tendríamos la libertad de decirle a la persona que tenemos al lado lo que nos gusta, cómo nos gusta y por qué nos gusta. Qué queremos hacer y hacia queremos ir. La libertad en la cama es lo más parecido al paraíso.
Pero no es tan fácil como debería. De hecho, aún estando convencida, yo misma me demoré más de un año en escribir este texto, lo pensé e intenté varias veces pero me frené otras tantas por no saber cómo abordar el tema. Me cuestionaba lo típico: “y si lo hago, ¿cómo se verá?”, “¿qué pensarán?”… Pero la semana pasada tuve una conversación con Alessandra Rampolla en un café de Buenos Aires y me llené de esa valentía que me hacía falta para de hacerlo de una vez por todas. Y lo hice. Es que, de hecho, no puedo promover y escribir siempre sobre no callar y decir lo que se piensa y no practicarlo. “Un ratito Catrina, tienes que ser consecuente”, me dije. Y lo fui.
“El sexo es placer, se disfruta, nos hace felices. Es un encuentro fantástico entre dos personas que tienen sentimientos el uno por el otro, y aún cuando no hay amor es entretenido y nos causa satisfacción”. Así de simple me lo retrató Alessandra. Hemos avanzado sin duda, las mujeres ya lo hablamos más, pero sigue siendo un tema que es mejor no socializar por el bendito ‘qué dirán’. Seguimos teniendo esa maldita fijación en interesarnos por lo que los demás piensan de nosotros, lo que no hace más que retraernos y limitarnos en conversaciones que deberían existir más libremente para el goce de todos (incluso para la seguridad de los niños, pero ese es otro tema).
Este tabú muchas veces es causado por la religión. Desde chicos nos enseñaron que el sexo solo es bueno y permitido cuando te casas, pero si no lo estás es pecado, está mal y es una cosa del Diablo, y entonces debes esconderlo. Así hemos crecido, pesando que el sexo es prohibitivo y malo cuando en realidad es todo lo contrario.
Hablar de sexo también hace que tus momentos en la cama –entre otros lugares- no se conviertan en algo monótono. El sexo mantiene encendida la chispa de una relación, mientras que el no conversarlo, el no enfrentarlo, sin dudas contribuye a la caída en la peligrosa monotonía que poco a poco comienza a matar cualquier sentimiento. ¿Puedes amar a una persona y tener mal sexo? Puede ser, pero seguro que amarás mucho más a una persona cuando tienes el mejor sexo de todos.
Pensar que conocemos todo de la otra persona también es un grave error porque jamás llegamos a conocer a nadie en su totalidad. La gran realidad es que ni siquiera nosotros mismos nos conocemos plenamente. “Lo único que no cambia es que todo cambia”, me lo repito siempre como un mantra, y siempre podemos conocernos y entendernos más, al igual que al que está al lado nuestro.
Las mujeres debemos hablar más del sexo como algo que nos empodere, como un disfrute y no como un tabú. No como algo malo, no como algo prohibido. Hacerlo no nos hace libertinas, nos hace más inteligentes, nos da más herramientas porque, reconozcámoslo, al final del día el sexo es una de las cosas que más disfrutamos.
*Nota: Alessandra Rampolla vendrá en Noviembre próximo a dictar unas conferencias; se las recomiendo desde ya, a ver si todas nos quitamos esas taras de la cabeza.