“Una reina representa todo lo que una mujer no es”…
Lo dijo hace unos meses la reconocida actriz colombiana Margarita Rosa De Francisco y, solo por aquella afirmación muy personal, fue ampliamente criticada y le dijeron de todo en las redes sociales. Yo estoy de acuerdo con ella y no estoy para nada a favor de los concursos de belleza. Nunca lo he estado. Son falsos, proyectan conceptos inexistentes e inducen a aquel dañino estereotipo de belleza irreal.
Es por ellos que tenemos metido en el cerebro que la belleza está directamente relacionada con el peso, con lo superficial. Estos certámenes son lo que lleva al mundo a creer que una mujer linda es la que se parece o la que intenta ser una miss. Que una mujer perfecta es aquella que responde con párrafos aprendidos de memoria, que no tiene defectos. Pero es mentira. Las imperfecciones son parte de las mujeres y, en general, de todos los seres humanos. Sí, hasta las ‘misses’ son imperfectas.
Y no es que sea amargada pero, seamos realistas, la mayoría de las mujeres no somos así. No somos una Barbie caminante y mucho menos flacas sin celulitis, tampoco tenemos el cutis perfecto. No nos movemos de esa forma ni nos maquillamos a diario como ellas, no nos vestimos así y muchísimo menos sonreímos con cada paso que damos. No, para nada… eso es imposible, ¡no existe!
Por eso no me gustan esos concursos, porque muestran algo falso, irreal. Porque distorsionan la realidad e imponen un modelo o concepto de mujer súper producido que lo único que logra es estereotiparnos. En este mundo de Photoshop, dietas, crossfit, rutinas de ejercicios y filtros digitales que nos hacen parecer algo que en realidad no somos, existe algo peor: también nos hacen creer que las imperfecciones nos devalúan, y llegamos a pensar que las arrugas, estrías, celulitis, ojeras, flacidez y todo lo demás nos convierte en una mujer fea. Y como no queremos ser mujeres horribles ni presas de la voraz sociedad, las escondemos.
Tan sesgados y equivocados estamos con el tema de la ‘belleza’ que el domingo pasado, justo un día después de la celebración del Día Internacional Contra la Violencia de Género, hordas de hombres y mujeres ‘hermosos’ y ‘perfectos’ se volcaron a las redes sociales para criticar sin piedad y hacer pedazos a Daniela Cepeda, nuestra representante en el Miss Universo porque según aquellos ‘eruditos’ de la moda, ella “se veía gorda”. Leí asqueada comentarios de mujeres que la criticaban, de hombres que la ofendían… de una sociedad hipócrita que horas después de pedir respeto e igualdad de derechos despedazaba salvaje e injustamente a una mujer.
No sé qué ocurrirá con los concursos de belleza en el futuro, pero lo que sí sé es que en una sociedad tan falsa, con tanta doble moral, no nos llevarán a nada bueno. Lo más probable es que sigan y lo más seguro es que el mundo se paralice para verlos, pero todos seguirán siendo lo mismo si no empezamos a cambiar el concepto de la belleza, de la mujer real, y eso –mujeres que me leen- no depende de los hombres. Depende de nosotras mismas. Que nos miremos al espejo y nos aceptemos con dignidad y orgullo tal como somos. Que la belleza no quede reducida solo a los absurdos estándares que un certamen o una industria multimillonaria pretenden imponernos. Que lo ‘hermoso’ no sea decidido por unos cuantos tontos y sus absurdos juicios de valor en las redes sociales.