[est_time] de lectura
Dicen que tengo carácter fuerte. Que soy antipática, que no sé controlarme. Que grito y lanzo palabrotas de vez en cuando… y todo eso es verdad. No me arrepiento, de hecho es un molde que yo misma he diseñado para lograr un grado de respeto en la envidiosa industria de la televisión. Lo que fue un mecanismo de defensa ahora es parte de mi sello personal.
Sin embargo, acepto cuando me equivoco, asumo mi responsabilidad cuando sé que he obrado mal, cuando meto la pata… ¿Y quién no la mete? ¿Cómo podría dejar de aceptar mi culpa solo por ego, cuando yo misma huyo de la gente con problemas de ego, cuando lucho tanto para que el ego no domine las producciones que manejo?
La semana pasada quise, con toda la fuerza de mi ser, decirle a algunas personas todas las cosas que creía que debían saber. Quería decirlo de frente, en ese momento, y así lo hice…pero no de la manera correcta. Aunque el fondo de lo que pienso no haya cambiado, reconozco que la forma no fue apropiada. Asumo mi error. Pero más allá de eso, este episodio me reveló que a ratos me dejo gobernar por la pasión. Esa misma pasión que me ha llevado a concretar algunos proyectos, obras de teatro y programas de televisión es la misma que a veces me juega en contra.
Hago lo que siento, digo lo que pienso y a veces tengo avalanchas de emociones que no sé controlar. Y eso, a estas alturas de mi vida, no es justificable. La gente no tiene por qué pagar las consecuencias de mi pasión desaforada, ni soportar que no encuentre las palabras idóneas y lo resuelva con frases facilistas o vocablos que, aunque suenan mucho mejor, no desatan nudos. En pocas palabras, putear no es la solución.
Insisto en que no me arrepiento de lo que soy, aunque me cuestiono todo el tiempo si ser pasional es una virtud o un defecto. En el mundo laboral la pasión le imprime fuerza a tu amor por lo que haces. Lo sientes, lo vives y lo puedes transmitir. Pero si no tomas las riendas, podría nublarte, podrías perder los papeles y equivocarte seguido, como me pasó a mí.
Siempre habrá personas que no me quieren, siempre habrá quienes tendrán caras largas porque les toca aguantarme y seguramente habrá quienes disfruten trabajar conmigo y me tengan cariño. A mi edad sé vivir con todos esos escenarios y lo asumo como lo hago con mis errores.
No se puede cambiar a nadie porque esta es la vida real y no un dramatizado en el que una construye personajes a su antojo. Lo único que puedo hacer es moldear mi espíritu, mirar hacia adentro de mí y corregir el camino. Puedo aceptar mis culpas sin miedo para no parecerme jamás a los seres humanos que se alimentan del poder, a los que dicen tener siempre la razón, a los que tienen un ego del tamaño de una barca pero que juran ser sencillos…no quiero ser el reflejo de esa gente, y si tengo que ofrecer disculpas para marcar la diferencia lo haré sin miedo, un millón de veces más.