Combinar y estructurar viejas y ‘ganadoras’ secuencias recurriendo a que “es lo que lo que el público pide”, para llenar un determinado espacio de tiempo ‘al aire’, es fácil; conseguir rating con ello, también lo es. No lo es generar contenido original, y mucho menos contenido de calidad y que aporten a la sociedad. Es un mantra que repito siempre, porque reconozco seguir aprendiendo, mucho más en estos tiempos en que los programas de televisión luchamos codo a codo para conseguir la preferencia del público.
El rating hace referencia a la cantidad de personas que ven un programa, y la pelea por este, es voraz. La necesidad de ser los primeros es imperante para los canales de televisión, ya que así logran vender publicidad y, por lo tanto, la estación subsiste y obtiene ganancias. Pero, ¡cuidado!: tener rating no es igual a tener calidad o contenido, y nunca lo será. Un programa puede tener gran sintonía y ser abominable (el de Laura Bozzo, por ejemplo), así como es posible que posea mucha calidad pero que no tenga popularidad.
Es por eso que escribo estas líneas con indignación. Porque hoy, justamente hoy que varios medios de comunicación se están uniendo para hablar por fin de la violencia de género y la imperiosa necesidad de erradicarla de nuestras vidas, cuando campañas y movimientos globales como #NiUnaMenos llegan al país y se toman las redes, cuando cada día somos más los que luchamos por destacar que una sociedad crece solo si respetamos los derechos de todos de la misma forma que intentamos que se respeten las posturas y orientaciones sexuales de todas y cada una de las personas, hay quienes aún piensan solo en el rating y recurren a aquellas viejas y ‘ganadoras’ prácticas para dar mensajes equivocados. Seguramente sin intención, están destruyendo con facilismo lo construido con esfuerzo.
En los últimos días he visto una entrevista que es el más claro ejemplo de ello. Una entrevista que perturba. Un programa está dedicándole TODA UNA SEMANA a un personaje que aporta muy poco a la televisión, igualmente a la sociedad. Y, sin embargo, lo enaltece dándole un espacio desproporcionado con tendencia misógina. Me pregunto, ¿es válido darle tanta cabida a un hombre acusado de violación y sentenciado a 29 años de prisión por el cometimiento de este delito aunque después el juicio haya sido anulado, sin cuidar el mensaje que se entrega a la sociedad?, ¿cómo regalar tiempo a una defensa que, más allá de que sea cierta o falsa, va en contra de todo lo que se trata de combatir, la violencia de género? , y ¿Cómo no cuidar el tipo de entrevista a un sujeto tan polémico, sin existir la contraparte necesaria para validar cualquier testimonio? Me quedo con la preocupación de si las traiciones, las mentiras, los engaños se pueden pasar por alto en un abrir y cerrar de ojos por, ¿“edificar una familia”? No queda claro qué tipo de mensaje se esté intentando transmitir: El de la no violencia o el del todo vale en ¨favor¨ de la familia. ¿Es que estamos retrocediendo?
En lo que a mí respecta, una familia no siempre está constituida por un hombre machista, una mujer resignada y sus hijos. Una familia también está representada por mujeres jefas de hogar, y también por hombres con hijos que asumen la responsabilidad de criarlos y sacarlos adelante. Una familia también puede estar conformada por una pareja de mujeres, o de hombres; con o sin hijos… Familia es la constitución de un hogar y debemos respetar las diferentes formas en que éste se construye, pero se debe tener también cuidado con lo que se dice al respecto, especialmente si se es una figura pública que puede llegar a ejercer cierta influencia en miles o millones de compatriotas.
El personaje de la entrevista, salido de un reality, y también de la cárcel, recibe ahora pantalla y parece ser la víctima o peor aún, ¡un héroe!, porque la justificación a todo este sin sentido es su supuesto “cambio espiritual”. ¿Así de rápido se cambia espiritualmente?, me pregunto.
Y su pareja ¿actúa por voluntad propia al “perdonar” la infidelidad o está siendo manipulada al hacérsele creer que actuando así es digna de respeto?
Periodísticamente, reclamo también por la falta de la contraparte de la historia. ¿Dónde está la versión del otro lado?
Este tipo de entrevistas y enfoques solo logrará silenciar todavía más a las futuras víctimas que, en vez de denunciar a sus agresores, callarán para no ser expuestas a ese otro tipo de violencia que no solo no les da voz, sino que además se refiere a ellas despectivamente, acusándolas de “rompe hogares”.
Una pregunta final me queda pendiente: ¿qué pasaba si este chico no fuese ‘famosillo’?, ¿estaría preso o no?
Aprovechemos esta oportunidad de reflexionar sobre las lecciones que nos ha dejado esta larga entrevista. Meditemos al respecto, hagámonos las preguntas necesarias y exijamos acciones y respuestas.
Necesitamos producciones que aporten, que empoderen a la mujer, que destaquen al hombre, pero sobretodo que incluyan a todos como iguales. Que no defiendan lo indefendible por unos cuantos puntos de rating, que no victimicen a alguien solo porque “su historia dará que hablar”… No, no, y no, eso no, ¡nunca más! Merecemos contenidos entretenidos que nos hagan reír, que nos informen y eduquen, e incluso que nos pongan llorar. Pero definitivamente estos no.