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Puede parecer fácil. Una vez dentro de un canal una tiene el trabajo de inventarse un programa de televisión cada cierto tiempo, como quien fabrica ladrillos.Pero, créanme, es más complicado que eso. Se los digo yo que tengo varios años en el medio, que he realizado algunos y tengo una decena en proyecto.
No es novedad que para realizar un programa se necesita invertir dinero. Todo cuesta y las empresas de televisión viven de productos que prometan rentabilidad. Pero el dinero no es el único problema: hay que calmar la desconfianza de algunas personas dentro del medio, el rechazo al cambio, vencer a la envidia y a los chismes que se generan en cualquier canal y –sobre todo- perder el miedo a hacer producción nacional.
Meses antes del estreno de Cuatro Cuartos hubo voces que proponían no tener producción nacional en el horario estelar. Que mejor sería una telenovela extranjera, porque es más barata y tiene garantía de éxito en ciertos países.
¿Cómo convences a alguien de que apueste por un producto más caro que los contenidos internacionales?
La lucha es constante, pero sigo en ella desde hace 19 años. Es gracias a esta pelea que he podido comprobar que en Ecuador hay mucho talento y no solo actoral, sino de producción. Brillantes guionistas, directores, productores, iluminadores, vestuaristas y muchos profesionales que son quienes realmente hacen que un programa de televisión salga al aire. Cerebros, no solo caras.
Sin embargo, no ganan únicamente quienes participan en estos programas o trabajan en determinado canal de televisión. La producción nacional genera discusiones sobre la identidad del país. Los programas locales pueden llegar a ser un termómetro social, porque normalmente la gente consume lo que la identifica.
Qué programa es bueno y qué programa es malo no está en discusión y no soy quien para decidirlo. Pero sí sé de lo que hablo cuando digo que nos hace falta reivindicar a la televisión, a los medios: no todo lo que se hace es a la ligera, no todos los que están en pantalla son improvisados, no todos los actores de verdad son populares, así como no todos los que se dicen actores lo son…
El problema es cuando un productor cree que puede hacerlo todo, un director cree que puede actuar o un actor cree que puede dirigir. El problema está en creerse todopoderoso y sabelotodo, cuando se coarta la creatividad de la gente y cuando se trunca el crecimiento de los demás. Puedo decir que hay talento, porque he visto cómo buenos productores han hecho mejores cosas de las que ellos imaginaban cuando les han permitido salir de sus zonas de confort.
Y para llegar a ese punto, todos debemos exigirnos más. No porque funcione en números es buen contenido, así como no todos los que tienen miles de seguidores en redes sociales funcionan en la televisión. Es sencillo conseguir el rating con el conflictivo, la que pelea al aire, la que más escándalos tiene, el más conquistador. Vender eso es tan fácil como hablar mal de la televisión nacional, pero crear contenido es complicado, debido a este escenario tan poco abierto a la innovación.
Seguir peleando por producir es la única forma de generar mejores contenidos. Mientras más se haga, nos equivocaremos menos. Mientras más se apueste por lo nuestro, más orgullosos estaremos de generar nuevas propuestas. Mientras más competencia haya, mejores serán los resultados. Cuando nos demos cuenta de que la competencia nos hace crecer, cambiaremos la forma de ver las cosas. Es creando, y no hablando, como conseguiremos que el público consuma más y mejor televisión.