Hablar de Mirella Cesa está de moda. Sí, por primera vez, todo el país se puso de pie para aplaudirla, las redes sociales se inundaron con felicitaciones, los programas de televisión se convirtieron en ‘Mirellanáticos’ como nunca antes… Hoy Mirella es profeta en su tierra pero, seamos sinceros, si no hubiese llegado a la semifinal y luego a la final del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar nadie hubiese tomado en cuenta su participación. Esa es la gran realidad. Su actuación no hubiera pasado de una simple nota informando de su paso sin pena ni gloria por Chile. Pueden insultarme y ponerme el adjetivo que quieran, pero saben que es así.
La conozco desde el inicio de su carrera y soy testigo de su pasión por la música. Siempre profesional e impecable, la sencillez es su carta de presentación. Nunca la vi molesta o convertida en diva. Jamás. En ningún momento la escuché decir “no” a una propuesta, y créanme que varias veces le pedí más de una locura. Ella es humilde y aprovecha cada una de las oportunidades que se le presentan. Y siempre, siempre, se mantenido así como la vemos hoy, sonriente, descomplicada, con estilo propio, con ganas de traspasar las fronteras llevando la cultura andina como emblema.
Pero Mirella es mucho más que Viña del Mar. Antes de ganar su Gaviota de Plata ya podía presumir de varios logros como ser la primera ecuatoriana en ganar Los 40 Principales en España (2009), estar nominada en la categoría de ‘Mejor Artista Latin American Central’ en los MTV Europe Music Awards (2014), haber sido invitada por tres ocasiones a la Teletón de Panamá, país donde además fue telonera de Elton John (2012). También cantó en la apertura y presentó una categoría en la Segunda Entrega de los Kids Choice Awards Colombia (2015), fue nominada varias veces a los Premios Orgullosamente Latinos, cerró 2015 cantando A Besos en los Acustic Sessions de Latin Grammy junto al ganador de este premio, el puertorriqueño Sie7e, entre otros logros.
Y todo lo ha logrado sola. A pulso, como en Viña del Mar. Sin ser la favorita de los medios, sin escándalos mediáticos, sin el apoyo que merecía de los programas de televisión… es una lástima que en los primeros días se haya informado superficialmente de su participación. Como productora sé que hay momentos en que el rating no interesa y el contenido pesa más, así lo hacía cuando realizaba programas en vivo. No obstante, hoy ya no es así. El rating lleva la delantera y en ese aspecto Mirella no interesa porque es aburrida, no genera nada. Es que ella no tiene una vida desordenada, no es peleona, no llora en televisión contando vergonzosos cuentos de amor. Tampoco permite que hagan un circo con su relación y mucho menos permitiría que el nacimiento de su bebé sea contado minuto a minuto. No, ella no ‘vende’.
Once años de excelente trabajo tuvieron que pasar para que Ecuador le dé por fin el reconocimiento que merece porque, seamos honestos, jamás ha sido tratada como una estrella. Lo bueno es que ella no necesita de eso, ni de las cámaras, ni los escándalos, los programas de farándula o las cuentas en redes sociales de los famosillos del medio. Mirella Cesa es y seguirá siendo esa mujer humilde, pero hoy más que nunca es una estrella que brilla con luz propia.