Hay días en los que realmente lo único que quiero es desconectarme, como hoy. Apagar el celular, no contestar el teléfono convencional, dejar de recibir mails… no escuchar más mi nombre, dejar de dar explicaciones, negarme a tener que decir o decidir qué hacer, elegir la comida del día o ser quien se tiene que dar cuenta que hace falta cambiar un foco o comprar un libro de la lista de útiles que se me olvidó. Desearía no tener que decirle a mis hijos que hagan las tareas, que se bañen, que apaguen el televisor, que se acuesten ya a dormir… no tener que contestar de manera educada, sonreír cuando no quiero, estar donde tengo que estar pero no quiero, vestirme como ejecutiva, ponerme tacos… Hay días en que simplemente quisiera desaparecer. Pero como también soy consciente que pido un imposible a ratos solo suplico por un poco más de paciencia, sin embargo, como sé que es una de las virtudes que justamente no poseo, entonces simplemente me aíslo. O por lo menos hago el intento.
Aislarse está directamente relacionado al celular en este momento, al menos en mi caso. Estoy trabajando en mi capacidad de dejarlo a un lado y al hacerlo no sentirme mala madre, jefa, líder, socia, novia… ¿Les ha pasado que los embarga una terrible sensación de irresponsabilidad cuando saben que tienen un mensaje y no lo leen? ¿O cuando suena y suena el teléfono y no lo contestan porque desconocen su manejo? Pues es esa la sensación de “irresponsabilidad” que estoy intentando practicar.
Tengo la certeza que al hacerlo voy a bajar mis revoluciones y ordenarme. Tengo que desconectarme, volver a dedicarme tiempo. Y aunque se crea que eso significa ir al spa, darme masajes, hacerme manicure y pedicure, pintarme el pelo, ponerme pestañas, limpiar mi cutis, depilarme y seguir con todo el centenar de cosas que hacemos las mujeres al pensar en nosotras mismas, hoy me doy cuenta que no es así. Vivimos estresadas porque también tenemos que hacernos las manos, ponernos pestañas, ir a tal o cual lugar…. Y es así como dejamos de lado los momentos, las reuniones de horas y horas con amigas, los almuerzos con amigos, las buenas conversaciones, las copas de vino, las charlas con los hijos, las llamadas a mamá, etc.
Es por eso que les propongo que nos desconectemos, desconectarnos para conectarnos nuevamente, desconectarnos para volver a mirarnos, y exactamente eso es lo que hoy me propongo a mí misma. Y si este texto les ha resultado familiar y han creído que es un mea culpa, tienen razón. Nada mejor que aceptarnos y reconocernos para evolucionar. Como me dijo Ile Miranda, la vulnerabilidad es un súper poder y las emociones son nuestras guías. Me quedo con eso. Gracias a todos por leer.
PD.: A propósito de esto y para las que quieran acompañarme, el próximo 11 de mayo estaré en el WOP que organiza Ile Miranda en el hotel Hilton Colón, donde daré una charla en la que como siempre hablaré de todo un poco, de lo lindo, lo malo, lo feo… de todo lo que me ha llevado a ser como soy. Lo conversaré desde mi espacio más vulnerable, así que las espero. #juntassomosmasfuertes #nuncaenemigas