En estos días tan cargados y agitados he tenido poco tiempo para dedicarme a pensar con tranquilidad. Es verdad que a veces no alcanza el tiempo, que nos volvemos dependientes del trabajo, las preocupaciones de los niños y las redes sociales.
Vivimos pensando que el mundo se acaba mañana, queremos tener todo hoy: nos estresamos cuando alguien no nos paga a tiempo, vivimos angustiados cuando perdemos el trabajo y muchas veces hacemos cosas que no queremos por necesidad. Vivimos angustiados porque no alcanzamos esa idea falsa de la felicidad absoluta. La felicidad se vive en momentos, pero también hay momentos en los que nos ahogamos en penas, rabia, decepción y sobre todo estrés. Esa bendita palabra que usamos a diario.
Ese estrés que nos acompaña a cada hora y por todas las razones posibles nos causa depresión, o dolores de cuerpo como mínimo. El estrés puede llevarte a apostar tu vida y las de quienes están a tu alrededor… hasta perderlo todo. No importa qué edad tengas, es el virus del momento y el síntoma principal es sentirse ahogado por los problemas.
Claro que yo también me estreso. Hacer ejercicios y llorar suele aliviarme, pero me he sentido atrapada varias veces, ya sea por momentos económicos muy duros o por la sensación de que nunca terminarán los problemas. No es raro estar así, somos humanos, imperfectos, cometemos miles de errores durante nuestra vida, pero debemos de tratar de buscar un equilibrio.
Suena fácil aunque sé que no lo es. De hecho, sigo luchando para que ciertas cosas externas no me afecten. Sin ninguna vergüenza reconozco que necesito ayuda. Tengo mi coach y lo busco vía Skype cada vez que siento que no tengo salida, la desesperación me consume, la pena me invade o la ansiedad me mata. Óscar siempre tiene las palabras exactas para alivianar el peso. “No hay ningún problema que no se pueda resolver a excepción de la muerte, la diferencia está en la forma en la que enfrentas el problema”, me explica. Óscar siempre me dice que no me abandone, que cuando sienta que no puedo más, piense en mí y haga algo que me gusta. Que me dedique tiempo, que me engría, que me consiente y me diga “te quiero”. Al final del día, si tú no te quieres, nadie lo hará..
Rodéate de gente que te ayude a solucionar las cosas y que vea la vida con felicidad, de forma práctica; rodéate de gente que no te contamine con sus problemas, rodéate de gente que te sume. Aléjate de los que no te caigan bien, y no hagas cosas que no quieras hacer. La obligación déjala para el trabajo o la universidad, en tu vida diaria no hagas cosas por compromiso. Haz lo que quieras hacer de corazón, alimenta tu alma cada vez que puedas. No acudas a gente que esta ahí para utilizarte, porque bien sabemos quiénes nos quieren de verdad y quiénes nos quieren por el momento.
Este texto lo escribo en un momento de decepción y es también una forma de liberación. A veces necesito ser escuchada y otras veces me cuesta hacer lo que escribo. Esta vez ustedes me ayudan a volver a mi punto de equilibrio, porque compartimos el reto de lidiar con el estrés y sanar para seguir.
31 mayo, 2017