Llegaron mis 36 y me encuentran mucho más serena. No tranquila, sino serena. Llegaron con varias reflexiones a mi alrededor y con mucha más aceptación hacia mí misma. Mis 36 lograron ir desapareciendo poco a poco mis miedos, esos que solo una conoce, los que te atormentan todos los días, los que no sabes cómo combatir, esos que están ahí y temes enfrentarlos porque están arraigados en ti. Esos que tú crees, erradamente, que te definen.
A mis 36 los enfrenté, los puse bajo la luz y los desafié uno a uno. El resultado fue más seguridad en mí misma y, con la seguridad de mi lado, fue más fácil trabajar en lo que ya sabía que debía mejorar: la madurez para reconocer sin vergüenza mis errores y aceptarlos como parte de mí.
Mis 36 me han traído un poco más de inteligencia emocional. Ahora me siento a escuchar más, aunque a veces sienta que estoy perdiendo el tiempo, porque una cosa es ser sincera y otra tonta. Aprendí que debía hacerlo para poder avanzar.
Mis 36 me traen un cuerpo que acepto, con todo y arrugas, estrías, celulitis, flacidez, canas y las demás cosas que todas las mujeres tenemos (sí, todas). Eso no quiere decir que no me cuide o no me ayude con la tecnología pero me acepto, me gusto y hasta me digo frente al espejo «estás linda».
A mis 36 sé que estar enamorada es uno de los mejores estados, pero también me convencí de que el amor se vive día a día. Los «contigo para siempre» o los «no te dejaré nunca» no existen. Se leen lindo, suenan mejor pero son irreales.
Es mejor vivir el hoy a plenitud sin que eso signifique no planear el futuro, sin trazarte objetivos.
Profesionalmente, creo que me queda tanto por hacer que no me alcanza el tiempo, pero hay gente tan talentosa a mi alrededor que sé que se vienen grandes cosas. A mis 36 aprendí a querer a mis amigas tal y como son, sin esperar nada de ninguna, pero también aprendí que, a veces, dar demasiado también resulta contraproducente.
Y por último, pero quizás lo más importante de mis 36 años, siento que he podido disfrutar a mis hijos. Todos los días agradezco por tener a Ellie y Nabil en mi vida, porque son ellos los que me desafían a diario para convertirme en una mejor mujer.
Ojalá lo logre y vean en mí una mujer que los inspire. Pero, si no lo logro, quiero que sepan que di lo mejor de mí para que así sea. Mis 36 me traen el regalo de sentirme orgullosa por criar a dos niños felices y sencillos. Es mi mejor obra, la manera más bonita de vivir la vida que hoy celebro.