Amigos queridos:
Esta sencilla carta la dirijo hoy a toda la Comunidad LGBTI. A todos y cada uno de sus miembros sin excepción. Ya saben que me identifico con ustedes en sus causas y, sobre todo, estoy junto a aquellos que día a día reciben el rechazo de una sociedad paupérrima, llena de estereotipos, con juzgadores convenientemente escondidos detrás de coloridos avatares de huevo y predicadores mediocres.
Creo firmemente que este mundo debe ser tolerante, inclusivo e igualitario. Por eso estoy a favor del matrimonio homosexual y de la adopción de parejas del mismo sexo. Lo he discutido innumerables veces con familiares y amigos, y no solo que me mantengo en mis creencias y pensamientos sino que también educo a mis hijos de forma inclusiva, sin estereotipos, y les enseño a amar a todos por igual. A quien amas no define si eres bueno o malo, tampoco diferencia lo correcto de lo incorrecto. El amor siempre gana. Por eso esta carta también es para pedirles perdón a nombre de todos los heterosexuales que, al igual que yo, piensan que han sido maltratados, por hacerlos sentir menos, por hacerles creer que viven en un mundo que no es para ustedes. Les ofrezco una disculpa si alguna vez han tenido que llorar por algún insulto, si han sido ofendidos por una broma discriminatoria. Lo siento por todos aquellos que creen que ser mayoría sirve para abusar, y no para dar ejemplo.
Sin embargo, quiero que sepan que cada vez somos más los que tenemos claro que poseen exactamente los mismos derechos y que por tanto deben tener acceso a las mismas oportunidades que nosotros, y que, sobre todo, merecen encontrar el amor y vivirlo a plenitud. Por eso quiero darles las gracias, porque ustedes me ayudaron a entender que hay batallas que sí se ganan en nombre del amor, porque me hicieron comprobar que la unión realmente hace la fuerza. Les agradezco por enseñarme que aunque el mundo pueda estar en contra, cuando el fin es bueno la verdad y el amor siempre ganan. Gracias porque han hecho que lo inimaginable suceda, porque su lucha es una demostración de que nada es imposible… ¡mil gracias!
De corazón espero que estos días sean llenos de festejos y de infinito amor para cada uno de ustedes, y anhelo que todo lo bueno que merecen y les ha sido negado a lo largo de los años comience a llegar a sus vidas. Que algún día todos cuenten su historia y que si aún no se atreven a hacerlo que se llenen de valentía porque, ¿saben qué?… ¡las mejores historias las he escuchado de ustedes!, los más impactantes ejemplos de valor, superación y amor son los suyos. Ojalá los griten al mundo para que los escuche y los replique, porque cuando hechos tan significativos como esos se cuentan y la sociedad se hace eco de ellos, es posible que las cosas cambien mucho más rápido.
Gracias por todas esas historias de motivación, de esperanza y de amor. Por la valentía y la perseverancia. Por resistir y no rendirse.
Y solo una cosa más: jamás se dejen convencer de que amar está mal. Amar nunca puede ser malo, no crean en las palabras de personas llenas de odio. Jamás crean que este mundo no es para ustedes. Sepan que hay personas como yo, y seguramente como muchas de las que me están leyendo, que les agradecemos y que también luchamos para que de una vez por todas en este mundo haya mucho más amor y mucho menos discriminación… ¡Feliz Día del Orgullo, ustedes son un orgullo!