Nunca imaginamos que algo así podía suceder en Ecuador. No estaba ni en nuestras peores pesadillas. El sorpresivo asesinato de cuatro militares en la frontera norte nos cayó como un baldazo de agua fría y, atónitos e incrédulos, comenzamos a buscar explicaciones y respuestas a esta nueva y desconocida realidad. ¿No que Ecuador era un país de paz? ¿No éramos acaso el país que siempre se ofrece para mediar? ¿Por qué nos sucedió esto? ¿Fue un hecho aislado? ¿Quién o quiénes están detrás de esto? ¿Las FARC? ¿El narcotráfico? ¿Está esta zona dominada por estos grupos irregulares y fuera de la ley? ¿Qué está haciendo el Gobierno al respecto? ¿Cuál es la verdad de la lamentable muerte de esos cuatro compatriotas?…
Todos nos hacíamos diferentes preguntas sobre lo que había sucedido y, por supuesto, también demandábamos respuestas. Queríamos conocer los detalles de esa extraña historia, saber la verdad, y para eso estamos los periodistas, para contar aquellas historias que aún no han sido contadas, para ir detrás de la verdad. Y esa fue también la misión con la que Javier, Paúl y Efraín llegaron a la zona de la frontera norte, para buscar hasta las últimas consecuencias las respuestas a las inquietudes que todos teníamos y que nadie era capaz de solventar. Sí, así somos los que ejercemos y amamos este oficio: incomodamos a quienes tienen motivos para sentirse incómodos, escudriñamos la verdad y vamos por ella sin importar muchas veces los riesgos que corremos. Está en nuestra sangre, es nuestra pasión, y aunque quizá sea muy difícil explicarlo con palabras así lo vivimos día a día.
No terminábamos aún el lento proceso de digerir el asesinato de los cuatro militares cuando fuimos golpeados nuevamente por la noticia. Había sucedido lo que nadie imaginó, lo que no había ocurrido jamás en la historia del país: el equipo periodístico de Diario El Comercio había sido secuestrado en Mataje, Esmeraldas. El final, lamentable y dolorosamente, ya lo sabemos. Lo que no conocemos –y para lo que no estábamos preparados- es el juego psicológico, la manipulación, la bajeza de los actos de los malditos terroristas y asesinos liderados por alias Guacho. No estábamos preparados para eso y estoy segura que no lo estaremos jamás.
No los conocí pero sé que Javier, Paúl y Efraín eran todo lo bueno que un periodista puede ser. Es por ello que me parece mezquino y descabellado criticarlos por haber ido a la zona en busca de las respuestas a las preguntas que se hacía todo el país, así como creo también que es cobarde culpar a alguien por aquello y aberrante atreverse a afirmar que fue un plagio planeado. Todo eso no hace más que poner en evidencia la ignorancia de la gente, desnudar la falta de información. Lamentablemente, con su cruel ajusticiamiento y la deficiente y desafortunada actuación del Gobierno Nacional para evitarlo y lograr su liberación, las interrogantes se mantienen y crecen día a día: ¿Por qué la frontera está dominada por disidentes de la guerrilla y narcotraficantes? ¿Quiénes son? ¿Quién lo permitió? ¿Desde cuándo están allí? ¿Hasta cuándo estarán? ¿Por qué ejecutaron a los periodistas en medio de un proceso de negociación?
No podemos culpar al equipo periodístico, claro que no. No podemos culpar al medio. Tampoco se puede culpar a la prensa por no haberse hecho eco de la muerte de los cuatro militares, pues precisamente Javier, Paúl y Efraín estaban en la ‘zona caliente’ en búsqueda de respuestas.
Ecuador vive un momento duro y peligroso, probablemente de los más complejos y delicados de su historia republicana. Por ello, lo único que cabe ahora es la unión, mantenernos unidos como lo hemos estado las últimas semanas y exigir al Presidente Lenin Moreno y a su Gabinete que se realicen investigaciones a fondo, que no haya descanso hasta dar a conocer la verdad, hasta sentirnos nuevamente en paz. Este país no es, no puede y no debe convertirse en un territorio en el que impere el terror, por eso debemos exigir que se actúe con mano firme, sin titubear en la toma de acciones. Necesitamos sentirnos seguros, necesitamos constatar que se tomen menos tiempo en los plazos y que haya más acción en la frontera. Existe un llamado a la unidad y lo acepto, sin que eso me obligue a callar porque Ecuador no merece vivir en el miedo, ni en las manos de guerrilleros y narcotraficantes. Nuestro país merece paz, entrega, tener de una vez por todas políticos que estén a la altura de las circunstancias, sin titubear, sin dejar morir a nuestros compatriotas ni permitir a los malos apoderarse de lo que más necesitamos: nuestra paz y seguridad.