¡Es increíble la capacidad de cierta gente para, tomándose el nombre de Dios y autoproclamándose defensores del cristianismo y de su mismísimo Ser Supremo, creer que sus creencias son las buenas o las únicas correctas! Y he allí donde radica el gran problema de lo ocurrido. Respeto absolutamente toda creencia o corriente religiosa como la católica, evangélica, judía, musulmana, ateísta, etc., y lo quiero dejar muy muy claro. Para mi todos los seres humanos somos libres de creer y seguir lo que nos dé absolutamente la gana sin que nadie tenga derecho a decirnos si eso está bien o no. No obstante, esa libertad que tanto amo y defiendo no me da en absoluto derecho a boicotear o destruir nada. Puedo, eso sí, expresarme libremente, protestar, gritar, manifestarme, no ir, no entrar, salir, mirar a un lado, no estar de acuerdo con algo o con alguien… pero al ser parte de un estado democrático y de una sociedad civilizada en pleno Siglo XXI si hay algo a lo que NO tengo derecho es al boicot. Eso no es bueno, no es inteligente, no es civilizado, no está bien, no es legal. Y tampoco es cristiano.
De la misma manera, tampoco es lícito –que quede clarísimo- que un Municipio como el de Samborondon escuche con tanta determinación a unas pocas personas sin considerar que en su jurisdicción no todos son católicos ni todos estaban de acuerdo con este santísimo capricho. Asusta atestiguar que mientras más pedimos que se respeten las libertades que consagra la Constitución y que las autoridades tienen la obligación de garantizarnos, un alcalde se deje manipular por un grupo minúsculo y permita no solo la censura y público descrédito a una manifestación artística, sino incluso la clausura de todo un teatro, negando a un grupo de artistas su derecho a la libertad de expresión y dejando a muchas otras personas sin la posibilidad de ejercer su glorificado derecho al trabajo. Y, lo que es peor aún, todo aquello sin siquiera analizar o saber de qué se trataba la obra, simplemente porque un grupo de personas que no entienden ni de libertad ni de respeto solicitó el cierre del lugar.
¿Me pregunto si los ofendidos son conscientes que una obra de arte, sea cual sea su formato, constituye apenas el 50% de la misma, y que el 50% restante lo aporta la propia interpretación del público, que es quien la completa y cierra? En este caso, aquella interpretación final que tanto ofendió y causó tanta polémica, fue dada, justamente, por los ofendidos y no los artistas. De hecho, la misma obra, con el mismo título, los mismos actores, el mismo equipo de producción, la misma escenografía, el mismo vestuario y todo exactamente igual estuvo toda una temporada (1 mes) en cartelera en el PopUp de Urdesa, donde fue vista por más de dos mil personas –entre las que hubo más de un católico con toda seguridad- sin que se produjera un solo incidente previo o posterior a su escenificación.
Y, más allá de la apreciación artística y su técnica que es innegable, continúo cuestionándome: ¿hacia dónde avanzamos como sociedad cuando pensamos y actuamos como que lo que nosotros creemos es lo único que cuenta? ¿En dónde está nuestra responsabilidad como conglomerado social cuando nos auto convocamos para boicotear una obra de micro teatro cuando en el país existen problemas políticos, sociales y económicos muchísimo más grandes y urgentes que resolver?
El arte no obedece. El arte es expresión. El arte es inclusión. El arte es unión. El arte alimenta a la sociedad. El arte refleja lo que somos. El teatro es arte. Y la expresión del teatro es PopUp… Acá no existen canales, actores o actrices en competencia. Somos todos artistas, todos seres sensibles que nos sentimos extremadamente tristes por el país que estamos dejando a nuestros hijos, por ese Estado Laico y de Derecho solo en la letra muerta de la Constitución porque en la práctica ya sabemos todos lo que se permitió y todo lo que finalmente ocurrió.
Por eso es y será importante leer y/o escuchar las disculpas públicas de los representantes del Municipio de Samborondon aceptando que se equivocaron, sobretodo porque lo que ocurrió es que fue el teatro el que inexplicablemente fue obligado a disculparse cuando no le correspondía hacerlo. Y, sin embargo, la única comunicación oficial hasta el momento es el anuncio de que, aunque el teatro fue reabierto el sábado, la obra no podrá ponerse en cartelera al menos hasta el lunes 22 de Enero próximo. Sí, esperamos las disculpas municipales y aunque finalmente las recibamos no justificará lo ocurrido, porque como sociedad no permitiremos jamás que se vuelva a censurar el arte.
Es en estos tiempos que necesitamos un país unido más unido que nunca para que no se vuelvan a repetir las canalladas de los últimos años. Los robos, el tráfico de influencias y la corrupción de la que hemos sido víctima. Unidos es la única forma en que cosas así no se repitan nunca más. Podemos no estar de acuerdo con lo que se hace o se dice, pero, aunque sea nuestro derecho oponernos y decirlo, nadie tiene la potestad de intentar arrebatárselo a sus autores o boicotearlo. Ni siquiera en nombre o en defensa de Cristo Rey como lo hicieron la semana anterior, mientras maldecían a los artistas y amenazaban con romperlo todo en el teatro… ¡Santo Prepucio!