Hoy más que nunca soy una #MamáCabreada y voy a llamar a las cosas por su nombre.
Aunque duela. Aunque disguste. Incluso aunque ofenda. Los abusos del aún sacerdote Luis Fernando Intriago Páez, revelados en los últimos días, me han dejado perpleja. Sin palabras. He estado a punto de llorar y de vomitar al leer las diferentes historias. Y aunque al momento solo se conozca oficialmente la denuncia y testimonio de diez jóvenes respecto a aquella práctica denominada como ‘La Dinámica del Pecado’, según Andrés Vizcarra, ex asistente personal del todavía Reverendo y quien también vivió en carne propia la aterradora experiencia y forma parte del grupo de denunciantes, si
todos los que pasaron por lo mismo que él se decidieran a hablar fácilmente se podría llegar a contabilizar más de cien denuncias adicionales.
La primera de ellas fue enviada al Vaticano por Kevin, hace cuatro años. Él decidió desenmascarar a Intriago y contar paso a paso como abusaba y torturaba a los adolescentes con aquel procedimiento. Hace una semana el portal GK.City viralizó este
hecho con una investigación que logró que por primera vez la mayor parte de la sociedad repudie lo ocurrido y exija al Poder Judicial y a la Iglesia Católica explicaciones convincentes y, sobretodo, acciones que hagan justicia. Pero no ha sido ni
será un camino fácil. Cuatro largos años de silencio cómplice han transcurrido, cuatro años en los que pese a conocer los monstruosos actos de Intriago contra menores de edad nadie hizo nada más allá de los interminables procesos eclesiales del Vaticano…
El primer pronunciamiento de la máxima institución de la Iglesia Católica fue claro y contundente: reconoció la culpabilidad de Intriago y dictaminó la pérdida de sus derechos de sacerdocio. Peeeerooo… él podía apelar, claro está, y, obviamente, apeló.
Y aunque la resolución en la segunda refutación no cambió, el acusado aún tenía la posibilidad de acceder a una tercera y última instancia de defensa, fase en la que todavía se encuentra hoy, a la espera del definitivo dictamen eclesial.
Pese a su reconocido silencio cómplice –y a ratos encubridor- en similares casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, esta vez la Iglesia lo investigó, lo encontró culpable y lo expulsó de la vida sacerdotal. Sin embargo, Intriago sigue libre, sin dar
explicaciones, sin ser procesado. ¡Es indignante! ¡Repugnante!… Es más, en su cuenta de Twitter, en la que continúa presentándose como “Sacerdote Católico”, este hombre advierte que no hay que recibir la Eucaristía si el estilo de vida que se lleva contradice el Evangelio, ¿pueden creerlo?. Así es, lo dice el mismísimo individuo que se aprovechó, torturó y abusó de al menos una decena de adolescentes. Sí, eso hizo y ya todos lo sabemos. Cualquier otra versión o calificativo que suavice o solape los hechos no es más que una declaración cómplice y desafortunada que solo conllevará a que las otras víctimas continúen con miedo y no se atrevan a hablar jamás.
Si los detallados relatos en primera persona de Juan José Bayas Diego Guzmán, Kevin Rivas, Andrés Viscarra, Gabriel Voelcker –quienes decidieron contar los hechos sin ocultar sus rostros ni sus nombres y apellidos-, Gino P., Roger, Adrian, Lucas y Pedro
son solo una “conducta inapropiada”, como los han calificado, ¿qué garantías o respaldo pueden tener quienes aún no se han atrevido a contar sus historias de horror, abuso y tortura? “Es cierto, es una conducta inapropiada”, dirán los que ya comienzan
a organizarse para defender a este hombre que al parecer cuenta con un fuerte apoyo y respaldo del Movimiento de Vida Cristiana y de importantes personajes que lo integran, y quizá tengan razón. Pero, por el amor de Dios –y lo digo literal y
católicamente-, no se hagan los tontos, conductas inapropiadas tiene mi hijito de seis años y la tortura y abuso a menores de edad no entra en este contexto. No me jodan!
Las diez historias conocidas hasta ahora tienen grandes similitudes con las de las víctimas del fundador del Sodalicio de Vida Cristiana en Perú, Luis Fernando Figari, y del sacerdote Fernando Karadima en Chile, y, créanme, en ninguno de esos países se las tomó tan a la ligera.
Como si fuera poco, por medio de un documento claramente escrito por abogados y no por un hombre de fe, ahora es Luis Fernando Intriago quien se declara víctima de calumnias, de odio, manifiesta que le han causado “daño moral” y anuncia que está preparando acciones legales ante las “falsas acusaciones” en su contra. ¡Cara dura!
¿Cómo se atreve? Es él, precisamente él, quien debe ser investigado, procesado y sentenciado como un ciudadano común. Como un abusador. Como un hombre que tiene decenas de denuncias por un mismo delito. ¿Por qué es tan difícil de entenderlo
y de hacerlo? Hay muchísimas personas que pueden testificar.
Rossana Vallarino es una de ellas. Fue su mano derecha durante tres años, lo apoyaba en las charlas pro vida, en sus actividades de apoyo psicológico, daba clases de catecismo con su grupo… Ella habló conmigo hace un par de días y me contó su
historia, las mentiras que Intriago le decía, cómo se enteró de los abusos, todo lo que sintió al conocerlo… Si bien los rumores ya tenían algún tiempo, Rossana jamás imaginó lo que más tarde comprobó. Fue cuando el psicólogo de ese entonces le pidió
conversar con los chicos al respecto, y constató que todos tenían la misma versión.
“Diez son los que se han atrevido a hablar en público, pero hay muchísimos casos más”, me confesó en nuestra conversación. “Lo que hay que hacer ahora es no callar más, que los medios hagan presión, que exijan que se investigue. La lentitud del tercer
dictamen del Vaticano es desesperante, ya es hora de que todos sepan todo lo que pasó, esto debe salir a la luz en su totalidad ya”, me repitió incesantemente.
Lo que nos corresponde ahora es exactamente lo mismo que una y otra vez necesitamos pedir cuando nos enfrentamos a hechos que nos remecen como sociedad: no callar, no olvidar, presionar, investigar más para encontrar hasta el último
detalle, hasta el último cómplice, hasta el último encubridor… exigir a las autoridades respuestas rápidas y resoluciones acordes a las circunstancias. Basta ya de píldoras, de palabras disfrazadas, de no llamar a las cosas por su nombre, de querer tapar el sol con un dedo. Este es un caso de ABUSO Y TORTURA a decenas de jóvenes que, siendo vulnerables, fueron manipulados por un sacerdote que no conoce de amor, que no conoce de Dios. Por un tipo que utilizando su sotana como arma de poder se
aprovechó de su inocencia y de su fe, de su deseo de ser mejores ante los ojos de Dios, y los condenó a cargar la más pesada cruz por el resto de su vida.
16 mayo, 2018