Guayaquil, Marzo 6 de 2018
Su Eminencia
Reverendo Daniel Cabrera,
Arzobispo de Guayaquil
Su Excelencia:
Mi nombre es Catrina Tala Mohanna, soy periodista y directora de televisión, y le escribo preocupada, un tanto molesta y muy decepcionada. En las últimas semanas he leído con mucha incredulidad y pesar algunos tuits del Vocero de la Arquidiócesis de Guayaquil, el autoproclamado ‘Cura de Todos’, el sacerdote César Piechestein.
Quiero que sepa que, aunque en la actualidad no me identifico con ninguna una religión, nací y crecí en un hogar católico. De hecho, fui bautizada, recibí la primera comunión, hice la confirmación, me casé, bauticé a mis hijos, mi hija tuvo su primera comunión… En fin, mis abuelos son católicos y mi vida ha girado alrededor de esta fe. Sin embargo, debo ser honesta: muchos familiares la llevaron de forma amorosa, real y sin juzgar, sin señalar, pero también hubo quienes la utilizaron para manipular y crear un falso concepto de lo que realmente es vivir con Dios. Se convirtieron en fanáticos dañando todo lo que tenían a su alrededor y, lo más triste, no se dieron cuenta hasta que simplemente no pudieron hacer nada para remediarlo.
Por eso le escribo, porque así como en mi núcleo más cercano se utilizó la religión de buenas y malas formas, advierto que lo mismo está sucediendo hoy en nuestro país. Puedo ver que existen buenas personas dentro de ella, que llevan mensajes de amor, unión, fortaleza… así como también hay otras que abusan de su posición para enviar mensajes de rencor, odio y división. Fue ese justamente el motivo por el cual me alejé de la Iglesia, cuando escuché a un sacerdote promulgar la “obediencia de la mujer pese a todo” y tildar a los homosexuales de “enfermos”. Ese día supe que no quería regresar nunca más, que no necesitaba gente nociva en mi vida y que no tenía por qué escuchar a un hombre que lanzaba mensajes de odio a un grupo de personas que iba a buscar otra cosa.
Vivimos en un país inclusivo, laico, democrático y con libertad de culto. Por eso me sorprende que César Piechestein sea aún el vocero de la Arquidiócesis. Yo sé que usted es un hombre sensible, sé también que la posición de la Iglesia no es la misma que la del sacerdote en cuestión. Sin embargo, cuando él escribe lo hace desde una cuenta que si bien es personal él mismo relaciona con la Arquidiócesis. ¿Cómo es posible que en pleno Siglo XXI y teniendo un Papa como Francisco, quien desde el primer día propició la apertura a temas que han sido tabúes por mucho tiempo –como el divorcio, el aborto y la homosexualidad-, en nuestro país ocurra todo lo contrario con un sacerdote que en redes sociales se atreve a comparar la pedofilia con la homosexualidad y con el adulterio? Sin bases, sin criterio, con mensajes simples. Un hombre que en teoría escogió el sacerdocio para servir, conciliar, educar y llevar mensajes de amor y paz, pero que lo único que hace es fomentar el odio.
Desde Juan XXIII no hubo una revolución tan fuerte como la actual de Francisco, por eso incomoda que el señor Piechestein abuse de su jerarquía en la Iglesia. Y es que no es cualquier sacerdote, es el vocero de la Arquidiócesis, como se auto describe en redes sociales. Por eso hago un llamado a usted, con enorme humildad y respeto, porque no creo que la Iglesia Católica merezca a una persona así como su Vocero. ¡No! La Iglesia necesita de alguien que busque la igualdad, el amor en su máxima expresión, que unifique y lleve un mensaje esperanzador, de perdón, de responsabilidad, de humanismo y aceptación.
Este pedido no es solo mío, es de todos quienes nos sentimos atacados por este sacerdote sin importar qué religión tengamos, o si no tenemos una… es de todos los que queremos un Ecuador en paz, inclusivo, respetuoso, solidario y de amor. Le pido, por favor, reconsidere el nombramiento del señor Piechestein e informarse más sobre los movimientos GLBTI, abrir la mente y el corazón para comprender que todos somos iguales, que unos no son mejores que otros, que no existe el que está bien o el que está mal. Hoy el mundo necesita más conciliación y menos odio, su Excelencia. Más Franciscos y ningún César Piechestein.
Atentamente,
Catrina Tala Mohanna