“Fanático” es una palabra que se escucha cada día más. “Soy tu fan” se ha convertido así en una frase común que las nuevas generaciones repiten sin cesar, beneficiados por las redes sociales que permiten en la actualidad tener más contacto con las ‘estrellas de paso’. Y digo “de paso” porque considero que en Ecuador no existen estrellas verdaderas, que muchos crean serlo es una cosa y que realmente lo sean es muy distinto.
Los social media han ayudado a los fans a acercarse a sus ídolos, pero también los ha vuelto agresivos. Se ciegan y creen sin cuestionamientos todo lo que su personaje de turno (estrella) dice o muestra. Pero no solo eso, también odian a todo y a todos los que se atrevan a decir algo en contra de lo que ellos creen. Puede ser una persona, un programa, una religión, un movimiento… ¡podemos llegar a idolatrar cualquier cosa! Muchas veces es por conveniencia, otras tantas simplemente por una idealización u obsesión inexplicable, y utilizo el término “inexplicable” porque si su personaje o institución de turno hace algo incorrecto es inmediatamente justificado porque “sería incapaz de hacerlo”, o “porque alguien quiere hacerle daño por envidia”. El fanático no aporta, está ciego, no conversa, no tiene argumentos. El fan es irracional.
En esta época de fanatismos exacerbados los religiosos obcecados no entienden posiciones e irrespetan a quien no cree como ellos, de la misma forma que los acérrimos seguidores de los famosos de pantalla los idealizan y convierten en dioses sin ningún mérito más que salir en algún programa mediático, ya sea porque son físicamente atractivos o debido a que simplemente hicieron o hacen cosas que llaman su atención. Así es como vivimos actualmente, en un mundo de idealizaciones en el que –lo peor de todo- fácilmente nos dejamos convencer y creemos que el que salió en pantalla llorando es un pobrecito mientras que el que no lloraba es un maldito. Así es, llegamos a ser tan irracionales que aún sabiendo que estamos equivocados seguimos estereotipando por lo que las personas aparentan ser. Creemos en ellos aunque sabemos que es lo contrario y que lo que vemos a través de las redes sociales es tan solo lo que el que maneja la cuenta quiere que veamos o creamos. Somos irracionales.
Pero lo contradictorio viene después. Cuando se da cuenta de algo, o sucede o aparece algo que no es de su agrado, el súper fanático se convierte en un cero a la izquierda. Pocas, muy pocas veces, el fan es verdaderamente fiel. Se convierte entonces en un ser peligroso que engaña y tiende a actuar simplemente por pasión.
Es por ello que, como sociedad, deberíamos de dejar de idolatrar, de creer ciegamente en alguien/algo para evitar que aquel inoficioso fanatismo aparezca. Mientras más leamos, más investiguemos, más madurez tengamos y no nos quedemos solo en lo superficial, no tengo la menor duda de que avanzaremos de una forma importante como sociedad. De lo contrario seguiremos repletos de fanáticos irracionales y estrellas de paso que no aportan nada al crecimiento de la sociedad. ¡Cambiemos, está en nuestras manos!