En el 2018 quiero seguir siendo yo misma, pero un poco mejor. Desde que comencé este viaje con El Blog de Catrina lo hice buscando dejar una huella, aportar con un toque de humanidad a nuestra sociedad. Contribuir a que vivamos la realidad y no seamos indiferentes ante nada de lo que pase, aunque no nos toque, aunque lo veamos lejano. Por eso, mirando atrás los días vividos y las páginas escritas en este 2017, agradezco a este año por las muchas enseñanzas que me deja y que, aunque algunas sean más lindas que otras, todas me han enriquecido profundamente.
Mi lista de deseos y objetivos para 2018 está cargada de momentos. Sí, porque decir que quiero felicidad, amor y éxito todo el año es mentira, es utópico. Es engañarme a mí misma. Y la verdad no deseo eso. Quiero llorar, quiero gritar, quiero vivir. Anhelo tener más momentos de felicidad, aprender a amarme un poco más, conocerme. Pretendo engreírme más, dejar que me pasen más cosas y no preocuparme antes de que realmente sucedan. Pero también quiero momentos de crisis porque son los que fortalecen, ayudan a crecer y desarrollar, exigen pensar más y comprender que necesito que la vida no sea fácil, ya que justamente ahí está el valor de la misma.
Quiero paz, la que cualquier ser humano desea, la paz interior. Esa que se alcanza solo cuando eres honesto contigo mismo y que solo tú sabes si es real. Esa que, por obvias razones, no se puede postear en redes sociales para pesar de los exhibicionistas. Eso quiero, aquella paz, tranquilidad y felicidad que se advierten solo a través de las miradas o las sonrisas. Y, sobretodo, de los actos. Anhelo también trabajar mucho, seguir haciendo mil cosas y lograr que mucha gente más trabaje y brillar con ellos.
Pero también deseo menos conocidos a mi alrededor. Deseo estar rodeada cada vez más por amigos, por amigos de verdad, y que así sean pocos que los que tenga a mi lado solo me sumen y no me resten. Así es, en este 2018 seré todavía más selectiva con las personas y con mis decisiones que el año que pasó. Y es que quiero más carcajadas con mis hijos, muchísimas más. Aspiro ir más a Lima a recibir los abrazos de la familia que me llenan el alma y completan cualquier rincón del corazón. Quiero un poco más de madurez, sin exagerar, porque tampoco quiero perder mi toque de locura. Quiero amar y entregarme con pasión a los que realmente amo, a los que realmente me hacen bien.
Suena a mucho pero no lo es. Anhelo, simplemente, vivir tal cual como he venido viviendo estos últimos años, con plenitud y completamente agradecida con la vida. Ojalá en este nuevo año pueda dar las gracias a muchas más personas, ese es otro de mis propósitos principales. Amigos o conocidos, empezaré a agradecerles mucho más seguido y diré “gracias” desde que abra los ojos hasta que los cierre, porque en este 2017 comprendí que muchas veces no valoramos la vida ni sus buenos momentos. Nos enfrascamos en lo que no tenemos y deseamos lo que nos falta, en lugar de sonreír y agradecer por lo que sí es parte de nuestras vidas y dejar de ser infelices por lo poco importante que carecemos.
En 2018 miraré mucho más dentro de mi y mucho menos hacia el costado. Callaré lo menos posible y escribiré cada vez más y más fuerte si algo me parece que está mal, si algo me parece que vale la pena. Seré una voz más activa en contra de la violencia de género y gritaré todavía más para que se respeten los derechos de todos. Y si es necesario repetiré una y mil veces más que todos somos iguales, aunque se me venga el mundo encima, aunque me crean una mala mujer. Y si es así seré mala, y con argumentos demostraré que el mundo es de todos y no solo de unos cuantos. 2018 ya me sabe a honestidad, a simpleza, a risas. A trabajo, abrazos y amor…
Y a ustedes, ¿a qué les sabe qué esperan de este 2018?