En estos casi dos años que llevo escribiendo El Blog de Catrina he hablado mucho de mí, de lo que pienso, de lo que siento, y de varios miembros especiales y súper importantes de mi familia sin quienes mi vida no fuera lo que es. Sin quienes prácticamente no hubiera llegado a ser lo que hoy soy.
Pero hoy quiero hablarles de alguien en especial. De alguien especial. Ella no tiene lazos de consanguinidad conmigo pero es más familia mía que muchos. María, así se llama, pero le decimos ‘La Nana’ de cariño. Llegó hace muchos años a mi vida, cuando estaba embarazada de Nabil, y desde ese momento no solo que la conexión entre nosotros fue inmediata, sino que ha estado presente en momentos verdaderamente complejos de mi vida, en los que siempre ha sido un soporte para mí: teniendo a mi familia lejos, ella es esa hermana, prima, tía, abuela, o cualquier familiar que me salva la vida con los bebés, con algún pago rápido, con una inesperada ida al supermercado… ¡Ella me salva la vida!
María tiene carita de niña pero no en vano muchos de mis amigos la bautizaron como ‘La Nanastra’… Y es que, digna compañera de ‘La Turca’, es recta, es firme, y tiene todo absolutamente controlado, siempre con una gran dulzura que ha hecho que mis hijos crezcan llenos de momentos de felicidad. Nadie es perfecto y yo mucho menos, pero ella ha sido un apoyo incondicional en los seis años que hemos compartido juntas. Nos hemos cambiado de casa varias veces, hemos viajado, nos han dado ataques de risa, de rabia, hemos llorado, nos hemos emocionado y hemos celebrado momentos que nos han hecho crecer como un gran equipo. Y María quiere seguir mejorando y creciendo.
‘La Nana’ es parte de mi casa, de mi familia y de mis amigos. Hay quienes se olvidan de mi cumpleaños pero no el de ella, y cuando llegan a casa me preguntan preocupados por ella si no la ven. Es que tiene una forma de ser que encanta. Quienes han sido testigos de ello, dicen que cuando me llama la atención es absolutamente genial, ya que definitivamente es ella la que administra la casa. Este escrito es para agradecerle, porque he tenido la gran suerte de encontrarla cuando no es fácil hallar personas como ella, porque sé que muchas veces María se ha postergado para poder estar con nosotros, porque sé que ella nos ama profundamente a mí y a mis hijos, porque no siempre la gente es agradecida o recíproca como ella lo es. Y en estos tiempos todo eso se agradece.
¡Gracias María! Por tu dedicación y los hermosos momentos que nos has dado. Por cuidarnos y hacernos también a nosotros parte de tu propia familia. Gracias por tu lealtad y, sobretodo, gracias por la paciencia. Espero de corazón que logres todo lo que te propongas en la vida, que alcances tus metas y cumplas tus objetivos. Sabes que acá también tienes una familia que aplaudirá tus logros y se enorgullecerá por las decisiones que tomes. Este es solo un pequeño homenaje que te hago, porque nunca se sabe cuánto tiempo más podamos estar juntas. Pero lo que sí sé es que el cariño siempre, siempre, será el mismo. Gracias y mil gracias siempre.
10 enero, 2018