Hoy es el Día Internacional de la Niña y aunque todos los que tenemos una en casa sabemos lo importantes que son en nuestras familias, no son muchos los que reconocen su gran potencial para el mundo. Una niña es más que un vestido, un juego de muñecas o un partido de fútbol. Es mucho más que un cuento antes de dormir, que una sonrisa diaria o cientos de caricias a la semana. Una niña es más que un “te amo”, o un “te quiero”. Las niñas son el más grande agente de cambio. Y yo tengo una en casa. Mi niña. Mi Ellie.
Ellie trasformó mi mundo. Me hizo contemplarlo de manera diferente. Ella me hizo más humana y menos pragmática, me enseñó a fijarme en los detalles y en las formas. Fue gracias a ella que comencé a ver y a promover la igualdad desde el corazón y la mente y no solo desde la palabra. Mi niña tiene los pies bien puestos sobre la tierra y sabe que en el mundo existe la maldad, la desigualdad, el egoísmo, pero también sabe que el amor existe donde sea que se lo mire. Sabe también que no todos estarán siempre de acuerdo con ella, así como conoce claramente que ella también estará en desacuerdo con muchos en distintos momentos de su vida, pero mi niña es consciente que la belleza del mundo radica justamente en las diferencias, en las imperfecciones que nos hacen diferentes.
Empoderar a Ellie es un trabajo diario porque seguimos luchando en contra de la desigualdad, aquella peste que aun habita en la sociedad y que no distingue edad, género, orientación sexual, nivel económico o social… Las niñas son las más vulnerables ante la desigualdad y siguen siendo potenciales víctimas de discriminación. Nosotros, los adultos, somos los llamados a reivindicar a Ellie a todas nuestras niñas, aunque nos cueste, aunque nos insulten. Aunque nos convirtamos en personas no gratas en obsoletas instituciones que no entienden que una niña con alta autestima es una mujer independiente y exitosa en el futuro. Una niña empoderada es un agente de cambio positivo.
Quiero que mi niña tenga una visión clara del mundo, real, sin prejuicios, sin estereotipos. Que sepa lo que sucede alrededor. Que se caiga, que se golpee, que llore… que se levante sola, que aprenda a caminar nuevamente porque así, si algún día le falto, me recordará de la misma manera. Mi niña sabe que su mamá piensa diferente, que hay cosas en las que no estamos de acuerdo, pero también entiende que mientras exista el respeto se puede convivir aunque las posturas sean distintas.
Ellie me da diariamente lecciones de amor. Ella, que aún ve el mundo con la inocencia de la niñez, simplifica los problemas que yo me armo en la cabeza. Ellie es mi centro, mi agente de cambio. Es quien me enseña a vivir aunque yo le haya dado la vida… ¡Feliz día mi niña!