Mañana cumplo 37 años y, mirando hacia atrás, estos últimos 365 días han sido más que decisivos en mi vida. Ya desde el 1 de Enero tuve claro que tenía que cambiar todo. No sé si por mi inconformidad de mantenerme mucho tiempo en un mismo lugar, o sencillamente porque siento que cuando entras en un estado de confort constante estás siempre más cercano a la mediocridad. No lo sé, así soy yo. Defecto o virtud, todo aquello es parte de Catrina y he aprendido a aceptarme como soy.
En estos doce últimos meses logré una total conexión conmigo misma. Solté lo que tenía miedo de liberar, lo que creía que no debía dejar ir por miedos o por la bendita “estabilidad”. Salí de TC Televisión cuando comprendí que la seguridad no estaba allí sino en mí, y no saben lo feliz que me siento. TC fue una experiencia que me enriqueció muchísimo. Producir ahí me dio seguridad en mí misma ya que armamos un departamento de dramatizados desde cero y logramos productos que, gusten o no, fueron exitosos. Pero lo que más agradezco a esta empresa es que fue el lugar que me permitió darme cuenta que, quizá, mi ciclo en los canales de televisión ha terminado ya. O al menos por el momento. Han sido 20 años produciendo hasta la fecha y, si miro un poco hacia atrás, además de todo el aprendizaje hay una cosa que tengo cada vez más clara: las estaciones de televisión no son tuyas, y las producciones tampoco. Siempre lo supe pero lo cierto es que en el día a día pocas veces lo piensas con seriedad. Y este año ya era el momento de independizarme completamente.
Escribo a menudo que las mujeres debemos empoderarnos. Que tenemos que ser independientes, que solo depende de nosotras que crezcamos y nos desarrollemos en todos los ámbitos. Pero por algún extraño motivo sentía que una forma u otra solo lo estaba poniendo por escrito pero no lo llevaba a la práctica al cien por ciento, ya sea por miedo o por la bendita “estabilidad”. Entonces, si no lo hago ahora que todavía no llego a los 40, ¿cuándo será el momento indicado para hacerlo? Pues no lo sé, la verdad es que el momento preciso no llega nunca y las decisiones más importantes de la vida se toman simplemente cuando llega el momento, cuando se tienen que tomar, aunque ese ‘timming’ pocas veces sea el que uno ha planeado.
Al final tomé mi decisión. Y fue así porque si no lo hacía ahora y de esa forma no lo hacía nunca, porque después tendría mil interrogantes más buscando saber si era una buena determinación o no. Los que me leen a menudo saben bien que soy una mujer de pasiones y emociones, que me muevo de acuerdo a lo que siento. Y, aunque confieso que ahora soy más racional que antes, admito también que mi paz y tranquilidad son lo que marcan los pasos que doy en este momento de mi vida.
Por eso recibo estos 37 años feliz, llena de proyectos y caminos abiertos, con mil y un motivos para agradecer tantas experiencias, momentos y lugares que me han convertido en lo que soy. Comienzo esta nueva vuelta al sol gritando GRACIAS a todas las personas que han pasado por mi vida, a las buenas y a las no tan buenas porque de ellas también aprendí a mirar el mundo desde una zona más simple, sin esperar nada de nadie. Los 37 los empiezo aceptándome tal como soy. Con mis defectos y virtudes. Impaciente, terca, enojona, intensa… Con celulitis, estrías y arrugas, pero también amorosa, feliz, en paz, creativa… ¡y mamá! Son 37 años que comienzan y que los gozaré con mis turcos y mi familia, los que me dan razones para sonreír a diario.