Hoy las palabras me salen del alma, del corazón. Hablar o escribir de él me produce tanta emoción que en este mismo momento estoy sonriendo tan solo de pensar en él. Y es que Nabil llegó a este mundo para enseñarme tantas tantas cosas que, cuando lo racionalizo, me parece increíble que un niño de apenas siete años derroche tanta sabiduría como para lograr hacerme día a día una mejor mujer. Pero sí que lo hace.
Cuando nació mi mundo emocional no era el mejor. Sí, así es. Cuando llegó a mi vida sacudió completamente mi entorno. Y ha sido por él que he tomado las decisiones más importantes en mi vida –de las que de ninguna me arrepiento-, y por él también logré darme cuenta de la capacidad que tenemos las mujeres para asumir retos, desafíos y enfrentar situaciones que a veces parecen imposibles de imaginar… Mi chiquito tiene el poder de darme tranquilidad en mis momentos de angustia, de darme paz cuando más miedo siento. De darme firmeza en momentos de extrema debilidad con tanta facilidad como sacarme sonrisas cuando quiero llorar. Él me ayuda a tomar decisiones acertadas en momentos de frustración, porque es luz, claridad, y llegó a mí para sacarme de la oscuridad e iluminar todos mis días.
Nabil, que significa “noble de alma” en árabe, tiene la habilidad de endulzar hasta al más duro con aquella mirada pícara, con esas muecas que hace dependiendo de la ocasión, con sus pucheros cuando algo no le gusta y su inigualable sonrisa que llena todos los espacios y eclipsa a todos a su alrededor. Es el niño que ama y que, cuando lo hace de corazón, se nota, se hace sentir. No le huye a los “te amo”, regala abrazos y tiene un espíritu solidario que emociona a todos quienes lo conocen. Tiene un carácter fuerte también, es cierto, pero como él siempre me dice a veces le cuesta controlar sus emociones, “pero tiene a quien salir”.
Escribo estas palabras y ya tengo los ojos repletos de lágrimas. Son de emoción, por supuesto, porque cada segundo de mi existencia agradezco por el niño que me tocó en esta vida, porque tengo la suerte de que Nabil me diga “mamá”, y porque el universo me envió al mejor maestro de todos. Tenemos días buenos, malos y normales, por supuesto, pero él siempre nos hace vivir a quienes lo rodeamos con intensidad, ternura, amor y eterno agradecimiento por su presencia. Y esta semana que cumples años no podía escribir de otra cosa que no sea de ti, de lo que significas en mi vida y de lo feliz y afortunada que soy por tenerte y llamarte “mi hijo”.
Gracias mi amor, porque sé que algún día leerás este texto y te aseguro que mi amor por ti será incluso superior al que te tengo ahora. Mis razones para amarte serán las mismas y algunas más, y, lo más probable, es que me hayas dado miles de nuevos momentos que me llenen de orgullo. Cuando lo leas y me digas “mamá yo también te amo”, yo volveré a decirte “gracias”. Gracias por ser como eres, por tus sonrisas, miradas, bromas, ocurrencias, abrazos… Y sobre todo, gracias por existir y ser una parte importantísima de mi vida.