Escribir para Nabil siempre será un placer. Hace ocho años que me enamora con esa mirada pícara, esa sonrisa dulce y esos besos que me matan de amor. Siempre ha sido un niño amoroso, emotivo, risueño y ocurrido. Le encanta contar historias; ama el fútbol: Cristiano Ronaldo marcó una etapa en su vida, Boca le dio la pasión y Barcelona la constancia. Y aunque le he comprado más pelotas que pantalones, siempre le faltará una más.
Es descomplicado: Nabil vive y quiere vivir feliz, no se hace problemas, se adapta a todo y es un hombrecito valiente. Valiente como solo él puede serlo. Y no, no lo digo porque es mi hijo, o porque está de cumpleaños.
Nabil tiene esa fortaleza que muchas veces me ha sorprendido. A ratos, me he preguntado si es más maduro de lo normal. Porque, aunque es un niño tan sencillo como los demás, Nabil ha vivido situaciones que, como familia nos han puesto a prueba.
Si los hijos hombres son los maestros de las madres, Nabil llegó al mundo con ese propósito bien aprendido. Ha sido, sin duda, el mejor maestro que he tenido. Me ha puesto a prueba mil veces, ha desarrollado mi paciencia -una de las cualidades que no me definen-. Me ha ayudado a vencer mis miedos, a tomar decisiones duras inspirada por su valor. También me ha llevado a cuestionarme todos los días si le he dicho “te amo” lo suficiente, me ha llevado a querer ser la mejor versión de mí misma.. pero, por sobre todas las cosas, me ha hecho sentir amada incondicionalmente, como nadie lo ha logrado.
Los abrazos diarios y los besos matutinos han sido mi combustible, mi regalo desde el 14 de diciembre de 2011. Te amo Nabil, y nunca dejaré de escribirte, para que en algún momento, cuando ya no nos tengamos todos los días, sepas que siempre estaré para ti, seamos de carne y hueso, o simplemente un recuerdo maravilloso.
Acá estaré siempre, como todos los días… juntos, sonriéndonos, amándonos. Siempre seré “tu mamita preciosa” y tú, mi “turco bello hasta la eternidad”.
Felices 8, amor de mi vida. Te amo, hoy y todos los días.