Nos han dicho que ningún país estaba preparado para una pandemia de estas proporciones. Es real. Pero, además, de eso, los ecuatorianos -que aportamos mensualmente para que el Estado nos garantice salud- tampoco estábamos preparados para que nos roben todo, justo en la crisis sanitaria más grave de la era moderna.
No solo es la distribución de los recursos, o los más de diez mil despidos de médicos el año pasado, o el recorte al presupuesto en salud. Es más que eso, mucho más. Es el reparto de los hospitales, es utilizar a la salud para cumplir con cuotas políticas sin ninguna vergüenza. Para callar o mantener contenta a la oposición. Para volverse millonarios a costa de la vida de miles de ecuatorianos.
Nos robaron la salud, jugaron con ella y, ahora, cuando todos los días se descubren actos de corrupción no aparece ningún responsable. Parece un círculo interminable de descaro: se destapa un escándalo, allanan unas cuantas casas, y después nos ven la cara de cojudos hasta que se destape el siguiente escándalo.
Porque a pesar de que se comprueban sobreprecios del 9 mil por ciento, a los directores, a los responsables, no se les tiende un cerco. A ellos no les pasa nada.
Estamos hartos, y sé que hablo por la mayoría de los ecuatorianos. Estamos hartos de tener que solapar a un Gobierno que pone en cargos públicos a personas con antecedentes cuestionables, pero que pretendió sumarle impuestos a la clase media que hoy está en crisis. Estamos hartos de la impunidad de la que gozan varios personajes abominables del país. Estamos hartos de una justicia que solo es eficaz cuando al Gobierno le conviene.
¿Qué mas debe suceder? ¿Qué mas pruebas deben aparecer para que los círculos de corrupción se rompan? ¿Para que los apellidos no nos espanten? ¿Cuántos más deben morir para demostrar que la salud fue abandonada, asaltada, atracada?
La salud, la vida, no puede ser botín ni mercancía. Y, por si acaso, aquí no cabe borrón y cuenta nueva: los responsables deben caer de verdad, debemos ver las caras de los responsables de saco y corbata tras las rejas. Esos a los que les dan la chance de huir, esos a los que les aceptan renuncias, esos que tienen de amigos a los cercanos del Gobierno. Los verdaderos responsables, las mentes claves.
Si no nos atrevemos a exigir que ellos se sometan a la Ley, siempre viviremos gobernados por la corrupción o, peor aún, por la impunidad. Si no presionamos, estaremos condenados a vivir en un país donde nunca pasa nada con el que roba y, si pasa, es solo porque a alguien le conviene. ¡Es tu dinero el que se llevaron! ¡Es tu salud la que pusieron en riesgo!