Muchas veces escribo que lo más importante es pensar primero en nosotras, así como recalco que siempre debemos ponernos en el primer lugar de todo. Pero, ¿saben qué?… confieso que cada cierto tiempo me olvido de ponerlo en práctica. ¿Los motivos? Hay cientos, pero ninguno justifica que yo no sea mi propia prioridad, por eso hoy escribo este texto con inmensa y profunda sinceridad, para que si alguna de las que me está leyendo se siente igual que yo en este momento tenga también la posibilidad de detenerse y reflexionar que no existe nada más importante en nuestras vidas que nosotras mismas.
En estos días hubo algunos sucesos en mi vida que hicieron que vuelva a detenerme, pero pensé en mí y me puse de nuevo como prioridad número uno. Varios temas con mis hijos me llevaron casi al nivel de “¡no sé qué carajo hacer!” y suelo frustrarme por eso, porque nadie me enseñó a ser mamá y muchas veces caigo en la auto crítica extrema sin pensar que es muy probable que me esté dejando llevar por el momento. Pero me vi emproblemada, así que frené y busqué ayuda. No tiene nada de malo hacerlo, no puedo ayudar a mis hijos si no me ayudo a mí misma. Prioridad #1: ¡yo!
He tenido mis volteretas emocionales, miedos, deseos de estar sola, nuevos comienzos, saturación de trabajo, proyectos ambiciosos… todo aquello me genera un gran cansancio, me abrumo, me sofoco y termino por abandonarme. No entreno y también dejo de hacer las cosas que disfruto. En pocas palabras, me postergo. Pero hice lo que tenía que hacer, busqué mi centro: llamé a mi coach, hablé con él, él habló conmigo y regresé a mí. Avancé. Una vez más, prioridad #1: ¡yo!
Debo ser sincera: la gente que está a mí alrededor no deja de sorprenderme, para bien o para mal. Algunos decepcionan, otros sorprenden, y la gran mayoría solo pasa… pero estas semanas tuve que soportar un interminable desfile de personalidades que mutaron de ángeles a demonios. Yo solo me senté a ver que pase la comparsa porque darle mucha vuelta en mi cabeza solo provoca sensaciones que no aportan en mi vida. Hoy tengo una botella de champagne cerca y celebro todo lo que miro: de una forma u otra, se agradece ver las caras verdaderas de las personas. Prioridad #1: ¡yo!
Lo más difícil sigue siendo los miedos, el amor y las decisiones de relaciones. ¡Qué difícil que es decidir algo cuando del corazón se trata! Creo que es el momento más vulnerable del ser humano, el que no podemos controlar, el que no sabemos cómo tratar, por eso estoy encontrándome nuevamente y preguntándome qué quiero, cómo lo quiero, cómo me siento y hacia dónde voy. Pero es difícil a ratos volver al centro, hallar el equilibrio, entrar en balance y sonreír de la nada, amarte a ti misma, creer en ti, ser lo más importante de tu vida… pero, sobre todo, es muy complicado pensar, reflexionar y convencerte de que si no eres la prioridad en la vida de alguien no significa que no lo seas en tu propia vida. Por eso, una vez más, prioridad #1: ¡yo!