Lo hice días después de publicar mi escrito del miércoles anterior y no imaginan cuan liberador fue –y es- ese magnífico ejercicio. Así es, solté. Solté finalmente y lo hice para comenzar de nuevo, solté con la fuerza que el escribirlo antes me dio para hacerlo.
Dejé ir lo que me tenía incómoda pero, por sobre todas las cosas, solté todo lo que no me hacía bien. Y no fue tan difícil: dije lo que tenía que decir a las personas que debía, así como callé con otras que sinceramente no merecían explicaciones. Solté lo que me tenía presionada y no me dejaba fluir, dejé ir a seres humanos cercanos que parecían irremplazables, pero… ¿no les ha pasado que a veces se aferran a gente que les resta y no saben cómo salir de ellos? Bueno, me pasó a mí la semana pasada, y la verdad es que aquel instante en que les dije “adiós” fue otro momento realmente liberador.
Estuve en una etapa de introspección en la que me analicé y, aunque no se diera cuenta, me alejé del mundo para poner mi vida en una balanza. Me pregunté una y mil veces qué era lo que realmente quería, y fue así que volví a lo básico, a lo sencillo, a lo importante, a lo que me da paz. Una semana después evidencio que no existe nada más liberador que soltar, que los miedos congelan, paralizan la mente y la creatividad.
Soltar. Este súper recomendado ejercicio no solo sana sino que aleja también de las malas energías, vibras, personas, situaciones… Cuando te abstraes y dejas atrás los lastres empiezas a ver las cosas desde afuera y te das cuenta que no hay una mejor decisión que esa, sonríes ante aquello que antes te parecía un problema, comienzas a evidenciar tus sospechas y, sobre todo, terminas por comprobar tus dudas.
Dar vuelta a la página es de valientes, y cuando lo eres y lo haces es mucho más sencillo y rápido detectar a los mediocres, y la mediocridad es un virus que se pega, que atrae, así que lo mejor es dejarla, alejarse de ella. Es lo que he hecho. Y es que me veo y siento como una valiente, la verdad. Tengo un sin fin de momentos que me hacen convencerme de eso, pero hoy tengo tanto por hacer que no me detengo ni miro para atrás, ni siquiera para tomar impulso.
Cuando sueltas aprendes también que hay momentos invalorables que no vuelven más, que si no los aprovechas se van nomás, rápido, casi imperceptiblemente… ¿han escuchado la frase “tener menos para tenernos más”? Pues es muy cierta, comiencen a repetirla. Suelten, dejen ir lo tóxico, aléjense de la gente que no suma y caminen con la seguridad en ustedes mismos de la mano, verán que todo cambia.