Es un hecho: los seres humanos no tenemos la capacidad de alegrarnos por el crecimiento y los triunfos de los demás. Los ecuatorianos al menos. Ya lo sabía de antes pero lo he reconfirmado esta semana en la que he constatado una vez más que vivimos en una sociedad acostumbrada a que los logros deben llegar acompañados de derrotas ajenas, chismes, malas intenciones y, sobre todo, de envidia. Lo viví antes y lo he vuelto a vivir en estos días, y hoy lo resumo en este texto.
Odio estancarme. Detesto incluso el pensar o sentir que estoy haciéndolo. Es por ello que no dejo de desafiarme a mí misma cada día, hasta el punto que mi familia ha llegado a cuestionarme por algunas decisiones que he tomado. Pero ellos –al igual que ustedes- saben que no soy de consultar los caminos que elijo. ¡No! Por el contrario, desde hace varios años ya la vida ha venido dándome lecciones y enseñándome que debo hacer más y contar menos. Así lo hago, y así seguiré haciéndolo.
Por eso me alegra cuando a la gente que hace méritos para ello le va bien en la vida. Y me hace feliz de corazón. Aunque se lea trillado. Aunque parezca un cliché. Aunque la mayor parte de las veces los triunfos de esas personas de bien se mantengan anónimos y no obtengan el reconocimiento que deberían recibir, mucho más en el medio en el que me desenvuelvo en el que en muchas, muchísimas ocasiones, un contacto, una amistad, o simple y sencillamente el denigrarse como ser humano al convertirse en un lambón, en un ser servil, es más que suficiente para apoderarse de la gloria que por méritos le corresponde a otros.
Definitivamente no estamos preparados como sociedad para alegrarnos por los éxitos ajenos sin cuestionarlos o, peor aún, buscarle la quinta pata al gato. Somos tan egoístas y tan pobres espiritualmente que nos llenamos la boca exigiendo iguales oportunidades para todos pero en el fondo solo pensamos en nosotros. ¡No queremos que otros triunfen!
Los cargos no hacen a la gente al igual que los títulos no dan experiencia. En los canales de televisión en los que trabajado he visto desfilar a innumerables personas con títulos casi nobles y no llegar a nada… he visto a mujeres vender todo por un papel protagónico, hasta la conciencia, sin tener ni siquiera un taller de actuación en su hoja de vida… he visto a personas cambiar de religión para caerle bien a su jefe, he atestiguado surreales transformaciones en nombre de Dios por aparentar algo que no son… y lamentablemente he visto, también, a gente con muchísima capacidad quedarse estancada solo por eso, por ser buenos –a veces mejores que su jefe de turno-, lo cual los convertía en una seria amenaza.
Yo no soy así, y eso es lo que me hace diferente. Por eso me gusta rodearme de los mejores. Por eso me alegro genuinamente de las cosas que pasan a mi alrededor. Me gusta que cada uno empiece a empoderarse desde su lado, me encanta saber que formé un equipo con gente que puede asumir retos mejor que yo… ¡me encanta! Así es, me fascina porque me da tiempo y espacio para desarrollarme más, para crecer. Y es que, ¿por qué no alegrarse? ¿Por qué no ver las cosas desde el punto de vista más sencillo, más positivo? ¿Es tan difícil acaso?
En este medio tan hipócrita y falso como es la televisión, yo siempre he dicho las cosas de frente, lo sigo haciendo y seguiré haciéndolo. Así es, no estoy alejada de la pantalla, sigo haciendo contenidos como desde hace diez años y estoy más que feliz porque sé que José Navarrete hará una excelente labor en TC. Yo, por mi lado, seguiré trabajando con él y en esa empresa, así que generar rumores está de más. Generar información falsa es irresponsable, entiendo que vende, pero es irresponsable. No me importa, pero es irresponsable. No me afecta, pero es irresponsable.
Los invito a que comiencen a alegrarse por el éxito de los demás. Se siente bien y genera muchísimas cosas positivas alrededor de uno. Hagamos más seguido la tarea de apreciar lo positivo que tenemos a nuestro alrededor y dejemos de amargarnos por lo que otro tiene y nosotros no tenemos, nos hará sentir mejor y, sobretodo, propiciará que cambiemos y nos convirtamos en una sociedad mucho más justa y menos hipócrita.