No hemos aprendido nada. Así es, increíblemente y muy cerca ya de entrar en la segunda década del ‘nuevo milenio’, el poder continúa siendo el afrodisiaco más ‘sexy’, codiciado y peligroso de todos en nuestra pequeña sociedad. Es realmente impactante cómo nos olvidamos de todo cuando empezamos a saborear el poder.
Afortunadamente, tengo la suerte de estar rodeada de gente valiosa y maravillosa que me ha hecho saber cuando he empezado a elevarme a las nubes, pero no todos tienen la misma fortuna. He visto y continúo viendo a personas que apenas sienten un mínimo de poder se vuelven locas al punto de llegar a destruir lo que ellos mismos comenzaron a armar y a amar, y, lo que es peor, viven segados por aduladores que no les permiten ver más allá de su propia nariz y ego.
Solemos pensar que el poder solo emborracha a los altos cargos, pero no. No se equivoquen, es tan sensualmente seductor para la mayoría de mortales que suele demostrarse de diversas formas, desde la sutil manipulación hasta las enérgicas órdenes directas de las más altas jerarquías. Sucede todos los días, en todas partes, como cuando a un productor se le asigna una responsabilidad y cambia brutal y abruptamente pensando que ahora es poderoso y que alcanzó la gloria.
Se los reconoce porque se convierten en el típico sabiondo. De hecho, esa transición es una de las formas más fáciles y seguras de detectar a un borracho de poder. Y, si se mira con atención, se puede advertir que el nuevo sabelotodo tampoco acepta ya consejos, que no escucha y que empieza a rodearse de personas que solo le dicen “sí, está bien”. Otra característica es comenzar a demandar respeto solo por su nueva jerarquía, desconociendo que es al revés y que se lo obtiene a través del liderazgo. Un ebrio de poder no sabe manejar un equipo y ni siquiera tiene uno seguramente, se cree intocable, jura que lo tiene todo, que no le falta nada, que no necesita más, que él debe decidir todo siempre, y así innumerables absurdos más…
Sin embargo, el poder se pierde fácilmente. Tan fácil que un día lo tienes y al otro ya no. Así de duro, frío y sencillo es. El poder mal utilizado es una garantía de golpe en la cara siempre. Siempre. Es muy difícil ser poderoso eternamente. Todo cambia, todos cambiamos. Y si no lo hacemos, el mundo, la vida, las energías o como lo quieran ver, siempre habrá algo que se encargará de hacerlo. Y si no lo creen le pueden preguntar cómo se sienten ahora a algunos seres humanos que alguna vez se sintieron intocables y que no lo son ya… ¿Les suenan nombres como Rafael Correa, Abdalá Bucaram, Fernando Alvarado, entre otros?
Parece que la historia no ha servido de nada, que la memoria falla cada vez más a menudo. Teniendo en cuenta nuestra experiencia, lo que hemos vivido, impacta ver aún abusos de todo tipo, comentarios de políticos, tuits de ex presidentes que piensan que el poder los abraza todavía. Definitivamente no hemos aprendido nada, seguimos borrachos de poder…