[est_time] de lectura
Hay un defecto, de entre los muchos que tenemos los seres humanos, que sabotea nuestra rutina: ser malagradecidas. La malagradecida se cree perfecta, tiene memoria corta, es soberbia y está constantemente haciendo juicios sobre los demás. La malagradecida camina por la vida pensando que solo ella hace las cosas bien, que solo ella tiene la fórmula perfecta para que todo funcione, que lo merece todo a la hora que lo desea. La malagradecida piensa que dar las gracias es un sinónimo de debilidad, actúa como si la gratitud fuera para los ingenuos.
Por eso la malagradecida casi siempre se queda sola. La miseria es su única compañía, porque la envidia ha alejado a los amigos de verdad de su vida. Vive acechando a los que en algún momento fueron parte de su entorno. Lo anhela todo -hasta el amor- y no le llega nada, porque ha sido soberbia e ingrata con lo que le fue dado.
No siempre podemos detectar a las personas malagradecidas y es porque, durante mucho tiempo, viven en un mundo paralelo que justifica su ingratitud, hasta que toda esa impotencia mezclada con el rencor de un ego herido estalla… son una bomba de tiempo contra los demás y contra sí mismas.
Porque la malagradecida no conoce la paz. Siempre está en conflicto con el mundo y siente que todos le deben algo. Siempre cree saber la verdad y tener la justicia en la boca. La malagradecida está condenada a la soledad más triste, esa que sientes cada noche al acostarte, cuando te das cuenta de que nadie a tu alrededor cree en ti, que todos te miran con lástima.
Cuando aparece un malagradecido en mi vida lo miro, lo escucho, sonrío y sigo adelante. Con el tiempo he aprendido que el éxito suele contraponerse a la ingratitud.
Mi mamá decía que gracias es una palabra mágica pero creo que no lo reconocemos en su verdadera dimensión. Una cosa es decir gracias mecánicamente y otra sentir gratitud. Vivirla. Lo segundo te brinda un estado mental que te hace caminar por el mundo mirando lo positivo y sintiéndote afortunado por las oportunidades.
¿Y los errores, las traiciones y los malos ratos? Pues, vistos bajo la luz de la gratitud, son nada menos que lecciones útiles. La gratitud le da sentido al pasado, hace más claro el presente y nos deja más sabias para enfrentar el futuro.