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Sería iluso negar que estamos viviendo una de las eras más importantes para las mujeres. Hemos sobresalido en roles políticos antes inimaginables, hemos alcanzado ese liderazgo que soñamos, seguimos luchando por la igualdad de género y, al ser parte vital de la sociedad de consumo, cada vez hay más campañas de publicidad y contenidos especializados en nosotras. No es exagerado decir que movemos el mundo.
Somos presidentas, candidatas, asambleístas, juezas, empresarias, periodistas, administradoras, ingenieras, arquitectas, activistas, madres, doctoras, enfermeras, abuelas, hijas, niñeras, lideresas. Estoy convencida de que ese poder emana de nuestro propósito principal: inspirar. Inspiramos amor, esperanza, paz, orgullo, fortaleza, constancia y también lástima, pena y decepción. No podemos decir que todas somos musas inspiradoras, hermosas, sensatas, justas y bellas; no es así. También hemos sido protagonistas de escándalos, abusos y corrupción, quizás por una perversión de nuestras ambiciones naturales.
Pero hemos aprendido a voltear la tortilla de los estereotipos. Entre nosotras vive el reto de formar una cadena de inspiración. Aunque no nos conozcamos, así no nos miremos, aunque nunca sepamos que la otra existió, podemos ser el reflejo de la otra, la fuente primaria de un sueño. Podría citar algunos ejemplos de mujeres que nos inspiran y creo que coincidiríamos en algunas… ¿Quiénes las inspiran y aún no se han dado cuenta o no le damos la importancia del caso porque las consideramos parte de nuestra rutina? ¿Cuántas mujeres a su alrededor las mueven a empezar cada mañana con una nueva energía?
Yo me levanto junto a mi motivación diaria, Ellie. Esa mujercita que solo me inspira los sentimientos más genuinos. María, su nana -nuestra nana- vive con nosotros y nos engríe a todos. Ella dice que soy como su mamá pero la verdad es que ella me cuida como la mía. Me inspira gratitud.
También tengo la suerte de trabajar con mujeres a las que admiro todos los días, y de las que aprendo cuando me siento a discutir con ellas. Ruth me inspira perseverancia, paz, amor; ella es un ser de luz, creo que nunca se lo he dicho y este texto será la excusa para hacerlo.
Me rodean mujeres que me inspiran. Hay algunas que no son tan cercanas, pero cuando las encontré en mi camino bastaron un par de minutos para que me dejaran una lección que aprender. Teresita es una de ellas. Tal vez la hayan visto en la carretera cerca de Cerecita. Sus humitas son las mejores, pero su sonrisa es inigualable; inspira la felicidad que anhelamos todos. Ella demuestra que la felicidad no está ligada al dinero o al lujo sino a la decisión de estar satisfecho con lo que haces, con lo que tienes y transmitirlo.
Puedes verte al espejo ahora y saber que inspiras a mucha gente aunque nunca lo hayan dicho. Reconoce tus fortalezas y sonríe. Ámate y disfruta ser objeto de admiración sin importar tu cargo, porque ningún trabajo es mejor que otro y ningún puesto es más importante que otro, basta que te haga feliz, y que seas un testimonio vivo de esa felicidad. Eso es suficiente para ser una mujer que inspira.