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Este viernes me voy a Lima en un viaje especial. Se casa una de las mujeres más importantes de mi vida: mi hermana. Hemos vivido meses de emociones y nervios, siempre cerca… Puedo decir que, a pesar de la distancia, he podido participar en detalles que marcarán su vida. Me encanta sentirla feliz, y me gusta el ambiente “preboda”.
Parece extraño, pero sigo creyendo en el matrimonio. Lo que no creo es que, si va mal, tenga que ser para siempre. Creo en la felicidad, y si dos seres humanos son felices casándose, entonces creo en el matrimonio.
Este fin de semana es importante por eso y varias razones más… ¡Mi mamá está casi tan feliz y radiante como la novia! Por esta fiesta, volverá a encontrarse con una amiga hermana de Chile después de muchos años. Sus amigas siempre han sido parte de su ser y nunca le conocí en Perú amigas tan entrañables como las que tenía en Chile. Tampoco vi que tuviera con sus hermanas esa relación de complicidad como la que tenía con sus amigas. Mi mamá siempre ha sido solitaria, pero cuando encontraba amigas eran para siempre.
Así crecí, con ese ejemplo. De amigas cómplices, de confianza, desinterés, de casa y corazón abiertos. No había fin de semana que no estuviéramos juntos en familia, o partido de fútbol que no viéramos reunidos en la chimenea; las tardes de verano en la piscina eran obligatorias. Crecí anhelando encontrar amigas así, crecí sabiendo que la amistad se construye en momentos importantes de la vida, y hoy me doy cuenta de que es cierto. Más de 22 años han pasado desde que nos fuimos a vivir a Perú, y ahí están las amigas de mi mamá, para vivir con ella el matrimonio de su hija. Desde 1994 mi mamá las extraña, lo sé porque aunque solo lo decía de vez en cuando, lo sentía en silencio. Mamá no habla mucho pero conozco los gestos de su felicidad cuando no le cabe en el alma. Y hoy la entiendo.
Mis amigas se han convertido en mucho más que hermanas y confidentes. Han sido mi compañía y mi cable a tierra, son las que me abren los ojos muchas veces, las que me han hecho ver mis debilidades y fortalezas y, sobretodo, las que cuidan de mí.
Mientras viví en Perú, Claudia siempre fue esa amiga del colegio que jamás volverás a encontrar en otro lugar. La que te conoce desde el primer beso, el primer enamorado, la primera borrachera y la que te cubrió de tus papás en los momentos más determinantes. Nos prometimos cultivar esa amistad desde que me fui de Lima; ella sabe todo de mí y seguramente yo también de ella. Cada vez que voy nos vemos, cada vez que podemos hablamos, cada día que me acuerdo de ella le escribo y ambas sabemos que estamos y estaremos ahí siempre, aunque haga falta un avión o 27 horas en carretera para vernos. Ella es como las amigas de mi mamá: no importa cuántos años pasen o qué tan lejos estemos la una de la otra, decimos presente cuando importa.
A los 23 llegué a Ecuador y fue más difícil, porque a esa edad todos somos más reservados y ya hemos definido hace tiempo en quién confiamos. Sin embargo, tuve suerte… Son tan pocas las amigas hermanas que tengo, que sospecho que estaba escrito que nos conociéramos.
Con Tania compartimos la pasión por el periodismo, y ella sin duda es mi cable a tierra, mi mejor consejera y mi cómplice en miles de ideas. María Gracia es la incondicional, la que esta ahí siempre, se preocupa, me cuida, es de las que quiere con desinterés y sabes que irá por ti si la llamas, sin importar hora ni lugar.
Con Érika estamos conectadas desde nuestros hijos, nacieron el mismo día pero en años distintos, ella logra ver en mí cosas que no alcanzo a notar, ella me analiza y muchas veces me dice las cosas que nadie se atreve a decir. José Alejandro es el que estará siempre, él me saca las carcajadas más grandes y largas, con él estamos conectados desde el trabajo. Hacemos lo mismo, nos complementamos y aconsejamos.
Ellos son mucho más que amigos, más que hermanos, más que sangre. Son las personas que hacen que nuestra vida sea mucho mejor. Tengo la fortuna de ser tan importante para ellos como ellos lo son para mí. Por eso este texto va dedicado a todos los amigos hermanos que me leen, a quienes usted recuerda cuando lee estas líneas, y sobre todo a las amigas de mi mamá. Les agradezco porque gracias a ustedes he visto en ella momentos de felicidad únicos.
A mi mamá y a Claudia porque, gracias a su ejemplo, aprendí el valor de la amistad verdadera. Conocí lo importante que es no abandonar cuando la encuentras.
Que este texto sirva para agradecer, para tomarnos un segundo y decirles a nuestros amigos hermanos lo importantes que son y darles las gracias. Al final no hay nada más gratificante en la vida que saber que cuentas con alguien, para siempre.