[est_time] de lectura
Una cosa es hablar con convicción, con pasión, argumentar nuestra opinión, hacer que se respete nuestra palabra. Pero creer que tu comentario, tu opinión, o lo que piensas es una verdad absoluta es volverse ciego y sordo -pero inevitablemente hablador- y preso de un ego descomunal.
Esta era de las redes sociales nos ha hecho creer que tenemos poder, ese poder que alimenta a una persona tóxica, un poder obtuso que nos hace sentir con la autoridad para opinar, viralizar, subir fotos, crear memes, juzgar y construir una imagen a medias de una persona…
Tu verdad y la mía son diferentes y ninguna es la verdad absoluta. No importa cuántos insultos se le agreguen, cuántos gritos se le pongan o cómo se pretenda llamar la atención.
Nos quejamos de que los medios de comunicación sueltan información “a medias” pero escondidos en el anonimato lanzamos calificativos mordaces en contra de las personas sin una mínima conciencia del otro. Sin importarnos quién termine leyéndolos o a quién afecten. Solo seguimos la corriente viralizadora, servimos de vehículo para difundir lo que caiga, sin mayor filtro.
Somos lo que criticamos, estamos desinformados porque desinformamos.
Mientras más comunicados estamos, mientras en el mundo se desdibujan las fronteras, nos convertimos en seres básicos, incapaces de conmovernos, mucho menos de investigar. Nos estamos quedando en los titulares y nuestro deseo por figurar en las plataformas virtuales nos convierte en monstruos, listos para escribir cualquier cosa solo para que sea leída por muchos… ¡Esa sensación de poder y popularidad nos está volviendo macabros!
No pretendo convencerlos de que crean en mi definición de los dueños de la verdad. Deseo reflexionar sobre nuestro comportamiento para construir una sociedad más tolerante y menos agresiva, más democrática y menos tirana, con más inclusión y menos juicios, pero sobre todo con varios puntos de vista y no solo el nuestro.
Cuánta esperanza nos dejó la solidaridad ciudadana, que se movió después del terremoto que nos golpeó este año. Qué diferente sería este mundo si las redes sociales fueran más como un puente y menos como un desagüe.
Pueden compartir esto si piensan como yo, pueden comentar si están en desacuerdo y pueden dejar de leerme si no les gusta. Hay libertad para tomar cualquiera de estas opciones. No soy la dueña de la verdad, y me atrevería a decir que esa sí es una de mis más grandes certezas.