[est_time] de lectura
Tenemos problemas: ¡Brad Pitt y Angelina Jolie se han separado! ¿Estamos preparados para afrontarlo? ¡El mundo ha colapsado por esta bomba de noticia! Todos los medios, conservadores y liberales, tejen explicaciones de por qué la más perfecta y estable pareja de Hollywood tomó esta terrible decisión.
Y tras el primer golpe, una decepción mayor: Brad Pitt, el hombre perfecto, el príncipe azul, el marido amoroso, ha resultado ser un borracho que le pega a los niños ¡Pero se lo perdonamos por ser él! ¡Tan perfecto y libre de manchas!
La cobertura que se le ha dado al divorcio me ha dejado estupefacta. Ni la firma por la paz entre Colombia y las FARC después de 52 años de guerra ha merecido semejante espacio. Ni la tragedia en Siria, ni los asesinatos de inocentes en Nigeria ¿Qué han hecho ellos para soportar tanto interés?
En nuestro modelo del éxito moderno -tener seis hijos y mucho dinero para mantenerlos, vivir en las ciudades más bellas del mundo, ser reconocidos en todo el mundo y ser bellos y amados- no cabe el divorcio, así que esto se entiende como una catástrofe. ¿Quién nos inspira ahora? ¿A dónde miraremos ahora?
Este sueño roto costará millones de dólares en abogados, y los entretelones de su separación estarán desplegados en programas y portales de farándula de casi todos los continentes. Millones de personas lo comentarán en redes sociales… ¡Es el tema del año!
Ahora bien, dejando de lado el sarcasmo, analicemos un poco la situación. Decimos que no consumimos programas de farándula porque no nos importa la vida ajena, pero no dejamos de comentar el tema. La realidad es que somos una sociedad de papel, idealizamos a las parejas famosas porque pensamos que sus vidas son perfectas, estamos pendientes de sus movimientos y nos olvidamos muchas veces de nuestra propia vida. Gastamos minutos de nuestro tiempo (como yo ahora) en escribir, opinar y emitir juicios de valor sobre algo tan personal, que es imposible conocerlo con exactitud.
Al final, siento pena y lástima por esta expareja, pobres de verdad. Tienen a un mundo que está de cabeza por algo que debería importarle solo a su familia. ¿Sentirán esa responsabilidad sobre sus hombros? No lo creo.
Preferimos opinar sobre ellos, estamos expectantes de sus pasos, queremos más información, buscamos todas las fuentes necesarias, su vida es materia de conversación mientras comemos con nuestros hijos y en una reunión entre amigos. Hay guerras, hambrunas, firmas de paz, elecciones presidenciales, pero ellos siguen siendo trending topic.
Es divertido ceder al morbo, hablar y querer saber más. Que una pareja megafamosa tenga problemas como los nuestros es casi un afrodisíaco: es la validación de que sus vidas son tan imperfectas como las nuestras. Les pasa lo mismo que a cualquier mortal, pero ellos tienen millones de dólares y sus vidas son públicas.
¿Qué pasará con nosotros? Nada. Mientras tratamos de descifrar el porqué de su divorcio nuestras vidas siguen siendo las mismas.
¿Qué pasará con ellos? Ellos no saben quiénes somos, no saben que existimos, no les interesan nuestras vidas… están ocupados en solucionar sus problemas.
Tal vez esa sea una de las grandes diferencias entre ellos y nosotros, además del dinero y de la fama. A ellos nuestra vida les interesa tanto como un pedazo de piedra. Para ellos, la vida sin nosotros es exactamente igual a su vida actual. Y quizás eso sí sea un comportamiento a imitar.
Deberíamos aprender a que la vida de los demás nos importe tan poco como a Brad y a Angelina les interesa la nuestra. Y deberíamos hablar más del trabajo social y político de Angelina que de su divorcio. Jamas vi una tendencia de su activismo por los niños refugiados o la paz… ¡Me olvidaba! Eso no es mediático. Eso no vende.