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“Fuimos por una estrella y volvimos con 76, en el cielo”, decía un periodista del club brasileño Chapecoense luego de confirmar la muerte de la mayoría del equipo que iba por una hazaña más, a la final de la Copa Sudamericana. Que la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos, que disfrutemos de los momentos, que no contemos los días sino hagamos que los días cuenten, porque en un minuto todo puede cambiar… ¡Cuántas veces escuchamos estas frases y qué poca importancia les damos!
Nos hemos acostumbrado a valorar las cosas solo cuando ya no las tenemos, cuando extrañamos, cuando sentimos que hemos perdido algo. Nos pasamos la vida hablando mal de alguien pero cuando ya no está, rescatamos lo bueno porque “no hay muerto malo”. En este mundo desechable nada parece ser suficiente, y nos sentimos infelices por lo que aún no conseguimos.
Hemos dejado de valorar lo intangible y le damos más valor a los objetos que alimentan el ego: la casa, el carro, el reloj… ¡Basta con estar vivos al despertar, o con ver sonreír a quienes queremos para agradecer!
Hay días como este en los que pienso que sería igual de feliz teniendo y haciendo menos. Tener menos para tenerme más, valorando lo que no depende de nadie más que de ti mismo. El lunes regresé de Lima y no quería volver aunque sé que acá tengo una vida profesional que me ha dado momentos inmejorables y oportunidades únicas. Allá está mi familia y cada vez que voy, me quedo con ganas de más. Siempre quedan cosas por hacer, risas por soltar, lágrimas por botar y temas que conversar…
Cuando al igual que usted me enteré de esta triste noticia supe que no quería más familia por Whatsapp. Quiero que mis hijos disfruten a sus bisabuelos, que amen a su abuela, que abracen a sus tíos. Que sientan el regalo del amor que los rodea.
Porque la verdad es que la vida sí puede terminar en un segundo y todo el tiempo que pasamos añorando algo o alguien es tiempo perdido. Si esta tragedia sirve para removernos el corazón, podemos detenernos a pensar en la vida que tenemos, en las personas que nos importan. Si valoramos más y juzgamos menos, si luchamos por lo que creemos sin postergar el amor que vale, estaremos listos para abrazar lo que se venga.