[est_time] de lectura
Soy descendiente de sirios y me siento hipócrita. Sí, porque soy la que está a miles de kilómetros de distancia pidiendo que alguien pare la matanza en Siria. Es una masacre indiscriminada y no hay marchas que hagan eco de mi protesta. Mi protesta se ahoga en las paredes de mi casa, no llega a ser trending topic, nadie habla de Alepo en los centros comerciales llenos de gente en esta ciudad.
¿Quién es el bueno? ¿Quién es el malo? No importa ya. No le creo a nadie, ni a Al Asaad, ni a Putin, ni a Estados Unidos … Creo en lo que veo, y lo que veo es que en cinco años de guerra civil han muerto más de 450 mil personas, 12 millones de seres humanos fueron desplazados de su tierra y cuando cruzan las fronteras no son bienvenidos.
Ya no creo en la ONU ni en la OTAN ni en ninguna organización de esas que se reúnen en edificios lujosos con comida a disposición. Creo en lo que veo y veo que la gente muere. No importa la clase social, la raza, la religión, las preferencias políticas, no importa nada. Todos mueren. Seres humanos tratados como animales, niños huérfanos grabando videos, implorando que los dejen salir de una ciudad asediada.
Y me siento hipócrita porque mientras envuelvo los regalos de mis hijos o me ilusiono con entregarle una sorpresa a mi novio la gente muere, mi sangre muere, el país de mis bisabuelos se viene abajo. La tierra con la que soñábamos cuando mis abuelos nos contaban sus historias de amor desaparece. Y no puedo hacer nada más que escribir, compartir fotos para despertar alguna reacción colectiva y mostrar mi impotencia, mi frustración porque soy una siria que no está con su gente.
Quizás nos conmovemos con las imágenes que llegan todos los días a las redes, a los diarios y a los noticieros de televisión. Quizás se nos escape alguna lágrima. Pero lo olvidamos a los pocos segundos y seguimos en la carrera consumista porque sentimos que esta desgracia está tan lejos que no nos toca…
¿Cómo podemos creer en la idea posicionada por unas pocas personas de que todos los sirios son terroristas? ¿En serio podemos llegar a ser tan cobardes e ignorantes? Estamos permitiendo que más gente muera con cada minuto que pasa, no alzamos la voz como sí lo hacemos cuando sentimos que nuestro bienestar está en riesgo.
¿Es normal matar a cien mil niños a bombazos? ¿Es normal bombardear hospitales pediátricos, colegios, orfanatos? No. Jamás lo será. Sean quienes sean, vengan de donde vengan… ¿Por qué no podemos sentir empatía por los seres humanos que están viviendo el infierno en la tierra?
Es diciembre, época de paz, buenos deseos y prosperidad, pero los niños en Alepo están asustados, sin saber a dónde ir. La evacuación de los civiles es un escape de alto riesgo. Mi deseo de Navidad es que cuando usted esté leyendo esto algunos miles de seres humanos hayan logrado escapar de todo ese horror, para no seguir contando víctimas: un muerto más, una vida menos. Llevar las cuentas de esta tragedia es lo que le queda al resto de este mundo hipócrita, que le ha fallado a Alepo un año más.